Y volver, volver, volver a escribir

big picture - SYC

Volver a e escribir, después de más de un año sin hacerlo, me produce una sensación extraña. No precisamente la de regresar al colegio pasadas las vacaciones. Es peor. Es algo cercano muy al “miedo escénico”. ¡Qué absurdo! ¡Como si yo fuera tan importante!

Nunca pensé tomar una pausa tan larga. No diré, ni siquiera, que fue un break creativo, porque no es verdad. Fue, si acaso, un break técnico, casi logístico. El año pasado, a finales de mayo, justo el día después de haber publicado un post sobre la idiosincrasia latinoamericana, que encontraba su mejor expresión en los autobuses, me robaron mi laptop… en un autobús (risas… reír para no llorar), en Baños de Agua Santa, un pueblito en el este de Ecuador.

Y hasta hace poco solía decir que, seguramente, la mamá del ladrón se estaba muriendo y él, pobrecito, no tuvo otra opcion que robarme. Esto lo sostuve, con toda la ironia del caso, hasta el mes de julio pasado, cuando unos argentinos me dijeron que había entrado en las estadísticas del lugar. Al parecer, en Baños, quienes tienen a sus madres en el lecho de muerte no encuentran otra “solución” mejor que robar a viajeros. Y, por lo visto, hay muchas madres que están al “borde de la muerte”. ¡Quién sabe cuántas madres han sido salvadas gracias a las laptops de quienes viajamos!

Hoy, 16 meses después, al momento de volver a escribir, miro todos esos eventos como si fuera una película. Después del día, o de la noche, del robo mi viaje continuó más ligero, debo reconocer. Con casi tres kilos menos. Quién sabe si el ladrón también se conmovió al verme hiper cargada, con dos mochilas, y quiso ayudarme a que me aligerara. Claro, con todo y su buena intención, no pensó en que yo debía traducir diariamente noticias, del italiano al español… y que, siendo así , la laptop no era un peso accesorio. Todo lo contrario: era mi fuente de sustento.

Mi viaje continuó por Ecuador, por Brasil y por Colombia, adonde llegué navegando el Amazonas y donde, sin que fuera mi plan inicial, permanecí seis meses. El máximo tiempo posible con visa de turista.

De regreso a Roma, ciudad que jamás he amado, justo cuando planificaba un viaje, me encontré confinada… como el resto de la humanidad. Cuando moverse “libremente” dejó de ser un delito, tomé un tren para el sur de Italia, donde estuve en una comunidad ecológica por más de dos meses.

Ahora, estoy al otro lado de la frontera italiana. Por ende, ya no como pasta frecuentemente ni mucho menos helados. Como de costumbre, me acompañan dos mochilas, una grande con mi ropa y una más pequeña con mi laptop nueva. Ahora viajo en autobuses (y en trenes) donde me siento más segura, pero igual voy atenta. ¡Nunca se sabe si hay alguna madre moribunda por allí!

Ahora, cuando falta poco más de dos meses para que 2020 se acabe, tengo la sensación, compartida por muchos, de que un pedazo de mi vida fue robado. Esta vez no se trató de un tipo feo y macizo que se montó en el autobús, sino de algo o de alguien que sigue siendo un misterio. Con tanto teatro mediático y tantos intereses de por medio (empezando por los mismos gobiernos, dictaduras y “democracias” por igual, y los laboratorios farmacéuticos), es más fácil hablar del sexo de los ángeles que del origen de la situación actual.

Sabina (se) preguntaba quién le había robado el mes de abril. Yo me pregunto lo mismo acerca de los meses de marzo, abril y mayo. La parte de mí que le gusta pensar en “the big picture” recuerda que, como leí alguna vez, “la vida no es video, es fotografía“.

Deberá pasar tiempo -ese que ahora parece revolucionar más velozmente- para ver no el porqué sino el para qué de todo esto. Quién sabe si, en el fondo, los ladrones que nos han robado buena parte de 2020 nos han hecho un gran favor, aunque ahora no pueda verlo. Por ahora, lo confieso, estoy contenta de volver a escribir.

 

Comments: 2 replies added

  1. Idalia De León October 9, 2020 Reply

    Me encantó, Mela querida. Que bueno que vuelvas a escribir tu blog. Lo celebro.

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