Palabrario V edición — Resumen del año 2020

Confianza/fe, timing y lucidez: semillas que florecen (fuente: Internet)

Desde 2015, excepto el año pasado, cuando me robaron mi laptop en Ecuador, escribo sobre las tres palabras que recogen lo aprendido en los 365 días pasados. Este balance personal no se trata de un ejercicio intelectual. Va mucho  más allá de eso. Ahora es el turno de hacer el resumen del año 2020.

Sin embargo, esta vez, como nunca antes, escribir este “palabrario” es difícil. Como no serlo. 2020 ha sido, para usar  un par de eufemismos,”demandante” y “particular”. Por si fuera poco, ha pasado velozmente, sin dejar mayor margen a la reflexión, para entender las circunstancias.

Este ha sido, ante todo, un período de sopresas, de imprevistos, de planes suspendidos o (violentamente) cambiados. Ha sido también el año de los aviones no tomados, de los aeropuertos no pisados, de los sellos faltantes en el pasaporte, de los caminos no recorridos y, la parte más dura, de los abrazos y los besos ni dados ni recibidos. 

202o fue, además, el año para cambiar de perspectiva. Yo, pájaro libre, me encontré enjaulada ─como los demás─ por casi cuatro meses (y no es que el “enjaulamiento” haya cesado) en lugares donde no quería estar. Entonces la medida de la libertad tuvo que ser recosiderada.

Entre marzo y junio, el sucedáneo de libertad eran los ocho minutos para ir, a pie, al supermercado. Después, en noviembre y buena parte de diciembre, esa libertad pasó a ser 60 minutos de caminata en un bosquecito cercano. Allí fui, de lunes a lunes, incluso si llovía o si hacía frío, no tanto por gusto, sino para no enloquecer. 

Luego, supe que la verdadera libertad se encontraba adentro, en eso que llaman el “jardín secreto”. Solo allí podía soñar con un mañana más luminoso. Porque, pese a que la sabiduría oriental hable de la importancia del “aquí” y del “ahora”, he tenido que asirme a la visión de tiempos mejores, en el futuro, para renovar el optimismo cada día. Y no siempre resultó fácil.

Claro, en ese “jardín secreto” no hay televisión, ni tampoco radio ni mucho menos redes sociales. Solo hay silencio, silencio para conectarme con la confianza/la fe no religiosa en un plan perfecto, en una voluntad divina sin la cual no se mueve ni se cae una hoja. Pero ese silencio muchas veces me ha sido esquivo, sobre todo con el bullicio interno que me pregunta “¿cómo?”, “¿cuándo?” y “dónde?”. Más que respuestas, deseaba obtener “garantías”, apaciguar mis demonios.

En este 2020 cuando, de golpe y porrazo, parece que la humanidad ha (re)descubierto su condición mortal, he pensado más sobre la muerte que de costumbre. Me pregunto si cuándo yo me muera estaré “consciente” de estarme embarcando en otro viaje. Y cuando pienso en mi muerte no siento miedo. El temor me invade, lo confieso, cuando pienso en la partida de las personas que amo. Sin embargo, sé que cada uno se va cuando le toca. Ni antes ni después.

Y, en este año de planes frutados, el timing, o “debido tiempo” en inglés, viene a recordarme que todo pasa cuando debe pasar, Ni antes ni después. Como si los eventos que debemos vivir estuvieran allí, en una línea imaginaria de tiempo, esperando por nuestro arribo… arribo que acadrá solo en el momento justo. Por ello, no se trata tanto del esfuerzo y de los maromas que yo haga hoy, sino del hecho de que las cosas hayan madurado. Como en palabras llanas expresa la sabiduría popular: “no por mucho madrugar amanece más temprano”.

Finalmente, como síntoma y consecuencia de la consciencia sobre el debido tiempo y de la confianza/fe, aparece la “lucidez”, que pemite ver más allá de lo evidente; incluso si eso eso implica cerrar los ojos. Porque este año, junto con el otro virus, la ceguera, al mejor estilo de la obra de Saramago, se ha extendido como pólvora.

 Y a pocas horas para que este año “mierdoso” se acabe, como en otros momentos aciagos, me repito, cual mantra la frase del cantatutor italiano Fabriozo De Andre: “De lo diamantes no nace nada, del estiércol nacen las flores”. Para ver ese campo florido, aun en medio del frío y de la oscuridad de este invierno, solo debo atesorar, como si fueran amuletos o tres piedras preciosas, confianza/fe,  noción del debido tiempo y lucidez. ¡Adiós 2020! ¡Bienvenido 2021!

Comments: 2 replies added

  1. Silmar Jimenez December 30, 2020 Reply

    Buena reflexión ¡Abrazos Mel! Te llevo en el corazon

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