Lecciones de la emigración – Segunda parte

Vivir en el exterior es una experiencia enriquecedora como pocas

Hace unos meses había ya escrito sobre mi aprendizaje tras vivir en el exterior y me daba por pagada con aquél texto. Sin embargo, gracias a un par de amigos, sin nexo alguno entre ellos, que se fueron a Chile he seguido reflexionando sobre lo qué ha significado vivir fuera de Venezuela por más de cinco años.

‘A veces me provoca regresar… No ha sido fácil después de tener todo empezar de nuevo’, se lamentaba mi amigo. Después de casi seis meses en Santiago, su realidad actual está todavía lejos de sus sueños y de sus afectos (su esposa y su hijo están todavía en Venezuela).  Y ahí estaba él, o la foto de su perfil en Whatsapp, pidiéndome un consejo.

Imagino, salvando las distancias, que emigrar es un poco como la maternidad/paternidad: Algo que se descubre empíricamente. Sin embargo, la experiencia de otros puede ser de ayudar. Palabras más (en realidad ‘palabras menos’), lo que le dije a mi amigo fue:

1.-Reinventarse: Estrechamente asociado a la resiliencia y al hacer limonada con los limones que del cielo caigan. El famoso ‘comenzar de cero’ –que no un ‘cero’ absoluto, visto que el bagaje de vida no desaparece– puede ser la oportunidad para reescribir la propia historia.

Es el ‘había una vez…’ seguido de un espacio en blanco para completarlo con posibilidades jamás contempladas. Es la ocasión para cambiar, para intentar algo nuevo, para descubrir talentos desconocidos o para sacar a relucir aquellos que estaban en segundo plano. Es el ‘empujón’ que puede hacer que una relacionista público pase a ser una yogui, una abogada se convierta en orfebre y un sociólogo en enseñante de español, por mencionar algunos ejemplos de personas cercanas a mí.

2.-Fe: No necesariamente ligada a un credo o culto en particular, mas fe en la vida. A mí me gusta llamarlo Dios (el ‘grande misterio’, ajeno y alejado del Vaticano o cualquier otra organización). Cada quien elige en qué creer y cómo manifestar su creencia.

Lo importante es que la convicción de que hay un ‘plan maestro’, más allá de las dificultades y de las dudas, permite continuar adelante y hacerlo con buena actitud y con paciencia. Ojo: tampoco se trata de negar las emociones ni de convertirse en una figura de cartón tamaño natural, priva de sentimientos, contradicciones e interrogantes.

Como cantaba Cerati: ‘Tarda en llegar /Y al final /Al final hay recompensa /En la zona de promesas’. ¿Cuándo llega? Quziá no mañana o en una semana, ni en un mes o en un año, pero sí está destinado a llegar, llegará.

3.- Paso a paso: la experiencia migratoria refleja como pocas el adagio que dice que hay un tiempo para sembrar y otro para cosechar. Y si bien es cierto que muchos quisieran tener un empleo, una nueva casa y una vida social interesante apenas se han bajado del avión, inmigrar es un proceso.

Considero, y no es un esquema fijo, que los primeros tres meses son de ‘vacaciones’ (tres meses es el lapso que, por lo general, se puede estar en un país como turista). Seis meses constituyen ‘la pasantía’ o el período para familiarizarse con el nuevo sitio (empezando por dónde es más conveniente hacer mercado, qué tren/metro/autobús tomar hasta cuáles son los trámites burocráticos de rigor y conocer más la cultura del nuevo lugar).

Y, al menos, doce meses después es el momento de ‘hacer  un balance’. Después de un año se puede empezar a evaluar los logros alcanzados, los costos, las estrategias que funcionaron y aquellas que no, y, sobre todo, lo aprendido.

Ver las cosas en perspectivas y tener expectativas realistas, sin dejar de soñar en grande, es más humano. Como bien dicen Roma no fue construida en un día…y cuando te vas a otro país, lo que te espera es la vida. La vida con todos sus colores, sus olores, sus sabores y sinsabores, sus formas, sus contrariedades y, sobre todo, con su sentido del humor único.

4.- La pintan calva: La frase italiana ‘da cosa nasce cosa’, literalmente ‘de una cosa nace otra’, se ha convertido en mi lema. Es una prédica con práctica que me ha ayudado a no despreciar ni a subestimar las oportunidades que se me presentan, por extrañas que parezcan y por distantes que puedan estar de mis sueños. Al mejor estilo de ¡’nunca se sabe’!

El tejido de la vida es así rico y maravilloso que los hilos se encuentran, se entrecruzan, se enredan, se deshilachan y no hay modo de saber cuál es el diseño definitivo, sino en retrospectiva. En el peor de los casos, si las cosas no salen cómo quería, sé que al menos lo intenté y me queda la lección, mas no el remordimiento de no haberlo intentado.

5.-Crear nuevas redes: Casi una perogrullada. No se trata de olvidar las raíces ni de cortar puentes con el sitio de origen, pero crear redes de apoyo es esencial sea para conseguir empleo que para moverse en el nuevo lugar. Aunque los amigos y familiares mantendrán un puesto privilegiado en el corazón, el nuevo contexto obliga -a menos que se quiera tener una vida de ermitaño- a conocer personas distintas y hacer nuevas amistades. Nuestra naturaleza gregaria nos empuja a dar y a recibir amor…¿Qué sentido tendría la vida sin el intercambio de afecto?

Pero las nuevas redes también se construyen al abrirse e integrarse a una cultura diversa, aprender un idioma distinto, adoptar nuevas costumbres, escuchar canciones nuevas, probar otros platos, mimetizarse un poco para enriquecerse personal y espiritualmente gracias al nuevo entorno.

6. La voz interior: Todos pueden tener un consejo o idea que dar. Todos pueden ser valiosos, pero al final la brújula es interna. Muchas veces ante ante quienes, incluso con la mejor de las intenciones, me han dicho: ‘Es muy difícil’, ’no se puede’, ‘no pienso que tú…’, he debido hacer ‘la-la-la-la-la-la’…claro no en frente de ellos.

Una vez, a un amigo que insistía, insistía e insistía, en leerme e I-ching, –el oráculo usado por enteras dinastías en China–, para responder a mis inquietudes, tuve que decirle: ‘Las preguntas son mías y las respuestas también’. Fin de la historia. Desde un punto donde convergen la capacidad de escuchar con humildad, la responsabilidad personal, la determinación y un tanto de sana testarudez, creo que la voz que nos habla cuando nos permitimos estar en silencio, siempre nos indica dónde está el norte.

 

 

 

 

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