Viaje intergaláctico en Italia

Uno de los más hermosos parajes de Italia

Sin tortas ni mensajes de felicitación, ayer cumplí dos años en viviendo en Italia (sumados a los dos años que ya llevaba en Irlanda). Y aunque sea llover sobre mojado, esto sigue siendo una sorpresa…Y una de las grandes, que me ha llevado a vivir en cuatro ciudades distintas (y en al menos en nueve lugares diferentes en Roma), a lo que se suman las estadías cortas en dos sitios más.

Hace pocos días, una conocida francesa me decía que estaba agotada. Ella recién terminaba de mudarse de Roma a Orte…y su cansancio no era cosa de un par de días empacando y otros tantos poniendo todo en su lugar. Era una empresa, creo que decir ’empresa’ no es exagerado, que había iniciado seis meses atrás, cuando empezó la búsqueda de apartamento…Así que sus niveles de estrés son considerables y de larga data. Yo le decía que, según había leído en alguna parte, mudarse figuraba entre los mayores estresores. Pero resulta que, después de buscar en Internet, veo que las mudanzas no figuran entre los principales agentes de estrés. En la escala de estrés psicosocial desarrolladas por los psiquiatras Thomas Holmes y Richard Rahe los eventos más estresante son la muerte del cónyuge (100 puntos), divorcio (73 puntos), separación matrimonial (65 puntos), encarcelamiento (63 puntos) y muerte de un familiar cercano (63 puntos)… Y bastante más lejos en la lista, con apenas 20 puntos figuran las mudanzas.

El nuevo lugar de transición de duración incierta…

Sin embargo, sea que mudarse esté al inicio o al final del listado, no deja de ser estresante…y no importa si se trata de un camión (como en su caso) o de maletas y morrales (como en el mío). Importa sí, y mucho, si para transportar todo se cuenta con un carro y un camión (como en su caso) o con el tren, los brazos y la espalda (como en el mío). Cuenta mucho si hay otras personas implicadas (ella se muda con su hija adolescente)… e importa mucho más si el lugar nuevo puede considerarse definitivo (como en su caso) o una mera transición (como en el mío). Luego, será importante (en ambos casos: el suyo y el mío) familiarizarse lo antes posible con el nuevo territorio -lo que implica saber cómo moverse, dónde hacer mercado y dónde comprar productos naturistas, entre otros- y empezar a construir una red de apoyo.

Y en estos dos años en Italia, he hecho este ejercicio de reubicación tantas veces que pareciera que mudarse se ha convertido en mi segunda naturaleza…y eso que en Caracas lo hice al menos unas diez veces (aunque allí tenía dos ventajas innegables: tenía un carro y estaba en ‘mi país’). Tanto es así que apenas hace unas horas mis maletas, mis mochilas y yo dejamos la casa donde, durante dos meses, recibí las más variadas lecciones de vida, desde economía doméstica hasta etiqueta, pasando por cocina, agricultura y el arte de callar, arte del que ya había escrito…Y debo decir que de todos las lecciones ésta es la más retadora, la más engañosa también, porque callar puede ser un modo de ceder, de someterse, de resignarse. Pero el silencio, al mismo tiempo, puede decir más que mil palabras. No es fácil comprender cuando, y sobre todo cómo, el silencio puede mutar en espada, en bastón, en látigo de autoflagelo, en ramo de flores, en puente, en puño,en caricia, en repulsión, en invitación…Si las palabras son poderosas, el silencio también puede serlo.

Sin ánimos de presumir, más fácil sería escribir el ‘manual de mudanzas para dummies’…pero la verdad es que ya estoy cansada de mudarme, aunque sigo encontrando beneficios colaterales en abrir, literalmente, nuevas puertas cada tanto. Y últimamente me ha dado por sentirme un poco como El principito, haciendo un recorrido interplanetario que lo lleva a conocer a los personajes más dispares. Así, ‘el pequeño príncipe’ se encuentra delante un rey que en ausencia de súbditos –en el reino únicamente habitan él y un ratón– pretende ejercer su poder sobre el sol…sí: ‘ordeno que te pongas’, le dice al astro rey; luego conoce a un hombre que llevado por su vanidad se convence de ser el más inteligente y apuesto en un lugar que sólo es habitado por él (mismo)y poco después llega al asteroide donde un borracho bebe para olvidar que su ebriedad lo abochorna…Y sin viajar a otras galaxias, como el personaje de Antoine de Saint-Exupéry, he podido ver mucho y poco, me he reflejado –con mis luces y mis sombras– en otros, he aprendido…al menos eso quiero creer, he mejorado mi italiano y he escuchado muchísimas historias. Y al final del viaje, el mío, el de la francesa que se mudó a Orte y el de todas las personas que he conocido en Italia quedará sólo un ‘hubo una vez’…Mientras tanto, yo sigo caminando.

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