La vía del círculo para hablar (y escucharse) mejor

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Vuelta a los orígenes. El homo erectus se levanta -de la silla, frente al computador, o del sofá, delante el televisor- y se sienta en el piso, a hablar con sus pares, y, por qué no, a cantar. Y lo hace en una rueda, porque así todos puedan verse e interactuar  de modo paritario. Este es la premisa de The Circle way.

En Internet no se consigue mayor información en español. En todo caso, la traducción literal es ‘La vía del círculo’, que promueve la igualdad y unidad en contraposición al modelo de dominación piramidal.

Antes de continuar,  aclaro:  Tan ‘hippy’ como pueda parecer, la propuesta no hace sino retomar la sabiduría de los aborígenes norteamericanos, combinada con herramientas de la psicoterapia. Nada exótico, ningún brebaje chamánico ni pipas humeantes. Abierta a todos, sin importar edad, credo, sexo o ninguna otra condición…y sin pagar. El único requisito es estar dispuesto a compartir los sentimientos y pensamientos con los demás, y dejar que los otros lo hagan también.

Para empezar, Manitonquat Medicine Story, descendiente de la tribu Wampanoag, quien por más de 30 años ha promovido esta ‘filosofía’ dentro y fuera de Estados Unidos, advierte que la mayor fuente de todos los problemas en nuestra sociedad es la separación y el aislamiento entre unos y otros. ‘La soledad del hombre’, como diría Erich Fromm.

El antídoto es recuperar nuestro legado ancestral, afirma Story. Y lo dice, sin intentar vender nada…por fortuna. ‘Todos crecimos sintiéndonos solos en nuestra lucha por la supervivencia, en un mundo hostil e indiferente a nuestras necesidades. Un mundo en el cual el éxito se mide en términos de riqueza material. El origen de The Circle way está en la historia de nuestros ancestros comunes que se convirtieron en humanos al estrechar vínculos, para sobrevivir y satisfacer las necesidades de todo el clan. Esto lo aprendí de los más ancianos de muchas etnias norteamericanas, quienes lo habían aprendido, a su vez, de quienes vivían en estos círculos. Ellos me dijeron que estas no eran las usanzas de nuestras gente, sino de toda la humanidad’.

La fuerza del espíritu de Manitonquat es única
Manitonquat ha dedicado más de 20 años a difundir ‘The circle way’ (‘La vía del círculo)

De su formación como consejero, Manitonquat ha tomado la escucha activa, como una manera de ayudar a los otros a reconocer las cualidades y capacidades que tienen dentro de sí. ‘Todos tenemos, sin distingo de edad, la necesidad de ser reconocidos, escuchados, comprendidos y aceptados. Estas son las cosas que pueden unirnos, para crear una nueva historia de cercanía y conexión’, amplía.

Insisto Manitonquat no es un hippy, si bien tiene el cabello largo y usa zarcillo. Su sabiduría no es solo el resultado de un legado milenario, sino también de su experiencia de vida: 87 año, que, a juzgar por su vitalidad y lucidez, parecieran no pesar. De hecho, cuando no está viajando para difundir The Circle Way, y vaya que viaja con frecuencia, asiste a clases semanales sobre Re-counselling. Quizá por eso tiene cierta autoridad moral para hacer oídos sordos a quienes dicen no tener tiempo para, al menos, intentarlo. ‘Los ancianos de mi tribu dicen que lo que hacemos hoy, lo hacemos por las próximas siete generaciones, más o menos 200 años. Si continuamos luchando los unos contra los otros, eliminando especies y destruyendo la biósfera, en 200 años no quedará mucho. Tú no lo verás ¿pero es esto lo que queremos dejar como herencia? Y si piensas que lo que estoy diciendo es muy fuerte, quiere decir que nos estás prestando atención’, enfatiza.

Del dicho al hecho

Riccardo Ricci y Maurizio Trangullini se conocieron hace más de diez años en uno de los tantos campamentos anuales que tienen lugar en suelo italiano. Ambos insisten en que sus vidas, en particular sus relaciones afectivas y laborales, han mejorado sustancialmente. Por ello, cada vez que pueden participan: para reforzar lo aprendido y hacer nuevos amigos también. Para Riccardo la lección lo ha llevado a asumir el liderazgo de grupos, especialmente jóvenes en condición de vulnerabilidad; mientras que Maurizo ahora escucha a los otros y a sí mismo sin juzgar ni juzgarse y entrando en empatía.

Por su parte, Alice Guidone, de 30 años, asegura que en The circle way encontró no una vía, sino su vía. Junto con su mamá, sin proponérselo, conoció a Manitonquat…y para ambas las cosas cambiaron, para mejor. Poco después, comenzó a organizar estos encuentros, incluso a domicilio y sin cobrar. La gratificación era compartir lo que para ella había sido un bálsamo anímico. Hoy forma parte del equipo que coordina las actividades en Italia.

A la pregunta: ¿Cómo se manifiesta The circle way en la cotidianidad?, me responde hablándome de la fe. Ella, quien creció en una familia atea, ha encontrado la divinidad, a la que se refiere como ‘El Gran Misterio –así como lo hacen los aborígenes norteamericanos, para  evidenciar que están en presencia de una noción inasible– y esto ha marcado un antes y un después. ‘Ahora tengo algo en lo cual fiarme y me digo: “Si las cosas van así, es porque así deben andar”. Sé que cualquier cosa que ocurra será lo mejor para mí, porque es así como se mueve el Gran Misterio, con amor…Dejé también de culpar a los otros y, en su lugar, hago una revisión interna. Menos “tú, tú, tú”, y más “yo, yo, yo”. He cambiado aunque el modo de hablarle a los demás y me he a abierto a mostrar mi corazón, incluso aunque en el dolor. También dejé de dar consejos’.

Y visto que ella sabe cómo organizar un círculo, le pido algunas ideas, porque son muchas las posibilidades.

‘Se necesita mínimo dos personas. Primero se hace una descarga emotiva, porque con mucha frecuencia las emociones son como un zumbido y nos confunden. Yo recomiendo cronometrarlo. Se puede reír, llorar o gritar, incluso de alegría. Una vez que tienes la mente y el corazón más ligeros, puedes ver lo que ocurre a tu alrededor y escuchar(te) también. Después que ves tus emociones, ves de dónde provienen, entienden que no son reales y pierden la fuerza que tenían. Después me gusta hacer un minuto de visualización, imaginando cómo nos gustarían que fuesen las cosas’, explica.

Y si el círculo no es la figura preferida, cualquier otra forma podría prestarse para tener un encuentro fraterno, regalarnos la posibilidad de ser vulnerables y  ‘abrir el corazón para poder escuchar’, como dice una canción. Al final, lo importante es el fondo y no la forma.

 

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