Raúl Álvarez: La tierra que llama y el hombre que responde

Raúl Álvarez invita a reflexionar sobre nuestra relación con la Madre Tierra

Cuando se escribe los lugares comunes son de temer, pero a veces son inevitables… Por eso, es difícil lidiar con la tentación de decir que a Raúl Álvarez una cena que tuvo con su hijo, a principios de 2009,  le dio un vuelco a su vida…pero así fue. Mas el catalizador no fue el menú en sí, sino la conversación sobre el origen de los alimentos que consumían; que surgió a propósito del viaje que su hijo haría a Cuba, para aprender sobre el modelo de agricultura de ese país. Sin embargo, los planes cambiaron. En lugar de ir a la nación caribeña, el muchacho haría woofing (trabajo voluntario en granjas a cambio de techo y comida) en España, donde posteriormente haría un máster; y el padre –quien en 2006 había renunciado la seguridad de un empleo como editor cinematográfico, en Canadá– lo seguiría para hacer un documental, que también estaría relacionado con sus raíces hispanas.

Las cosas apenas empezaban a cambiar: El hijo regresa a Canadá, donde ambos vivían, y el padre decide permanecer en Europa, con la videocámara y la curiosidad sobre sistemas de agricultura alternativa. ‘Me quedo solo y continuo viajando, aprendiendo y trabajando como voluntario y conociendo personas. Me recomiendan que vaya a la escuela de un permacultor estadounidense casado con una arquitecta española, que hace bioconstrucciones, y desde hace 40 años tienen un lugar reconocido en Cataluña y en España (el Instituto de Permacultura Monsant). Después me recomiendan a una maestra de agricultura natural en Umbria (Italia), y me hablan también de un agricultor griego que ha estado con Masanobu Fukuoka (el padre de la “agricultura natural”) y quien tiene un lugar muy especial en Grecia’, cuenta el director. Así, un viaje de dos meses se convirtió en un periplo de seis.

Raúl Álvarez en su viaje para filmar el documental (Foto: R.Á.)

Después en Italia, mientras hacía un curso de agricultura natural, una obra del etnobotánico François Couplan llega a sus manos y termina leyéndola con cierta renuencia, pues disponía de poco tiempo libre. He aquí otro giro de tuerca. Con ese libro (‘La naturaleza nos salvará’), Raúl tiene una suerte de revelación.

‘Inesperadamente vi lo que significan las plantas silvestres comestibles y aprendo que estas plantas son más resistentes y, como tales, mucho más nutritivas que las cultivadas. Me interesa el tema y en la sincronicidad de la vida, otra cosa que descubrí  filmando, me cancelan una visita que tenía programada y se abre un espacio de unas tres semanas. Le escribo a Couplan y le hablo del proyecto cinematográfico, para ver si tengo suerte. Me responde que estaba muy ocupado, pero me invita. Cuando llegué le puse un micrófono y lo seguí con la cámara, durante una semana y me dio una entrevista muy importante’.

Más tarde, en Grecia, al lado de Panagiotis Manikis uno de los discípulos Fukuoka, la vida  sorprende a Raúl haciendo peloticas de arcilla y semillas (la arcilla protege a las semillas y una vez que las lluvias llegan, éstas pueden germinar, sin necesidad de ser sembradas, sobre la superficie de la tierra), para reforestar los bosques incendiados durante el verano…Otras semillas germinan en la consciencia de Raúl y lo llevan a modificar su estilo de vida. ‘Prácticamente, dejé de ir a los supermercados y desarrollé amistades muy hermosas con una gran cantidad diversa de agricultores, panaderos, y otros productores de alimentos orgánicos a quienes les compraba directamente, a km cero (Km0), donde vivía en Canadá…Y esto me ha llevado a vivir más cercano a la naturaleza’, ilustra.

Después de ver el documental, intitulado ‘Despertar a la tierra’, se entiende porque Raúl Álvarez afirma que se trató de una transformación personal. ‘Fue profundizar en el conocimiento de la agricultura y sobre cuál es mi (nuestra) relación con la tierra. Es muy importante para nuestra salud, sobre toda mental, y para nuestro desarrollo personal y espiritual, restablecer el contacto con la naturaleza. Al final, somos naturaleza y dependemos de ella, aunque hemos perdido la consciencia cotidiana de esta dependencia. Es un proceso muy largo y la película trata de ofrecer una opción para acercarnos a la naturaleza’

Ante la pregunta sobre si se siente optimista después de hacer esta película, sin decir ni ‘sí’ ni ‘no’, hace referencia a un escritor y activista llamado Paul Hawken, quien sostiene que todos los movimientos que existen en el mundo por derechos humanos y ecología son pequeños focos, en distintas regiones, que sumados tiene una fuerza y un poder del cual no somos conscientes. ‘Hawken dice que no tenemos tiempo para ser pesimistas. Tenemos que ser optimistas porque el mundo necesita cambiar y, al final del cuento, el mundo está cambiando’, agrega.

Pero que no se crea que la vida de Raúl ha dejado de mutar. Ahora, radicado en Italia, su anhelo es tener colmenas -‘no sólo por la miel sino por la importancia de las abejas en la biodiversidad’, subraya- en la región de Toscana.

Y mientras tanto, se prepara para un tour de presentaciones del film en Italia, partir de agosto. Hasta ahora, la obra ha sido ya exhibida en España, Italia, Suiza, Escocia, México y Argentina; y el sueño es llevarla a toda Latinoamérica. Sin embargo, puede adquirirse, ya sea en inglés o en español, en el sitio Despertaralatierra.com o a través del sitio: https://embeds.distrify.com/player/9HCAcZ. ¡Quien tenga ojos que (la) vea y decida si atender o no al llamado!

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