Palabrario de fin de año (IV edición)

Palabrario 2018

Como ya tengo por costumbre, pienso en lo que ha sido y fue mi experiencia general en el año que está por terminar, para resumirla, empresa nada fácil, en pocas palabras. Al intento de hacerlo lo llamo palabrario de fin de año.

No hay modo de empezar ni de terminar el palabrario de 2018 sin gratitud, gratitud porque todo, má allá del mérito propio, es un regalo. Todo es y ha sido una manifestación del amor divino, aunque no siempre fue fácil verlo de esta manera.

Hace dos días, haciendo una escala en el aeropuerto de Barajas, un oficial de inmigración, me preguntó:

— ¿Te sientes bien en Europa?

— Más o menos —respondí.

— ¿Tienes salud y trabajo? —continuó.

— Sí, si tengo —dije.

—Entonces, todo bien —concluyó.

¡Y cuánta razón! Le agradecí por su gentileza y por recordarme que los motivos para estar agradecida existen, independiemente de que yo pueda (o quiera) verlos o no.  Claro, esto último no se lo dije. Era un reflexión de “consumo personal”.

En mi caso, amén de la salud y del empleo, el agradecimiento tiene que ver  con los nuevos amigos, con las manos tendidas para ayudarme, con el amor —en todas sus manifestaciones— que recibí, por las comidas —desayunos, almuerzos, meriendas, aperitivos y cenas— en buena compañía, por los viajes dentro y fuera de Italia, por los nuevos caminos recorridos, por los lugares a los que regresé, por las lecciones aprendidas, por las nuevas oportunidades, por las caídas —fractura incluida—, por las puertas que no se abrieron cuándo o como quise, por las demoras, las esperas y los contratiempos.

Y agradecer por demoras, esperas y contratiempos podría parecer un mal chiste. Para alguien que solía decir “lo quiero para ayer” es un salto cuántico. Es reconocer que la paciencia, sin alharacas ni pretensiones, es fundamental para vivir un hoy sereno, sin dejar de soñar con un mañana  más luminoso.

 

Otras dos palabras cierran mi palabrario 2018: persistencia  y reencuentros.

Al inicio del año yo había elegido las palabras que querían que definieran mi 2018. Eran libertadalegría y abundancia.  Y he decir que  2018 fue un año de bendiciones y de sueños realizados, que termina mejor que como comenzó. Un año de siembra y de cosecha. Siendo así, las últimas palabras sólo pueden ser: ¡Gracias Dios, gracias vida! 🙂

 

Comments: no replies

Expresa tu opinión