Palabrario de fin de año (III edición)

Palabrario 2017: 365 días en  pocas palabras

Como si fuese una profecía autocumplida. Ya los primeros días de enero sabía, o intuía, cuál sería uno de los términos del Palabrario 2017.¿Pala qué? Palabrario o el intento de condensar las vivencias de todo un año en pocas palabras.

Este año, al mejor estilo de qué fue primero el huevo o la gallina, la primera de las palabras se presentó ante que los acontecimientos que ella explicaría tuvieran lugar. Se trataba de un vocablo italiano. Svolta. Una palabra nueva cuyo significado y sonoridad me gustaron. El significado en español es ‘giro’, como girar a la derecha o girar la izquierda. Otra acepción es: ‘momento crucial’; y una tercera es ‘cambio’. Con estas imágenes (vuelta, metamorfosis, mutación) sabía, sin cartas de tarot ni tabacos de por medio, que 2017 sería un año de s-vol-ta, de cambio…y para mejor.

Aquello que no sabía era cuál sería la svolta. Esos momentos que marcan un antes y un después, difícilmente, pueden reconocerse ‘en caliente’. Son cosas que pasan casi inadvertidamente. No es como ‘pasar por GO‘ en el monopolio. Decisiones que, por lo general, no son vitales; aunque en retrospectiva sí son importantes. En mi caso fue responder a si quería ser parte de un proyecto de sensibilización sobre la inmigración. Mi respuesta fue: sí, claro…¿Por qué no?, que es mi respuesta por defecto la mayor parte del tiempo.

De nuevo, en ese momento no sonaron trompetas ni se abrió el cielo con un rayo de luz que me bañaba. Pero la vida sabía que ese momento, así banal como parecía, era un punto de inflexión. Allí, comenzaba una colaboración laboral que me ha dado muchas posibilidades interesantes, nuevas amistades y satisfacciones. ‘Da cosa nasce cosa’, dicen los italianos. Una cosa lleva (y ha llevado) a la otra. Todo porque ese viernes de principios de enero dijé ‘sí, claro’, sin darle crédito al temor a fracasar.

Ese sucederse de eventos, sincronías, personas y situaciones se relaciona con la segunda palabra del Palabrario 2017: ’empowerment’. Y aunque la Real Academia Española convulsiona cada vez que se usan anglicismos, la verdad prefiero decir ‘empowerment‘ que empoderamiento. Esta sensación, acompañada de hechos, de ser co-artífice de mi vida y no víctima de las circunstancias ha sido mágico. Este sentirme protagonista de mi viaje del héroe, en mi caso heroína; este sentirme que sigo el camino con corazón, como decía el mítico Don Juan, de Carlos Castañeda.

Poder personal que no tiene que ver con dominar a nadie ni controlar nada. Éstas son ilusiones. Poder personal que se ubica en una vía equidistante de la fe y del optimismo, y que me lleva a seguir creyendo en la vida (cuyo sentido nos trasciende, por fortuna, y que no puede ser aprendido ni aprehendido).  Finalmmente, empowernent que se manifiesta en la capacidad de dar y de recibir; y en una conciencia de merecimiento ni ególatra ni egocentrista.

Como colofón de mi palabrario 2017, la única palabra posible es soñar o, más específicamente, volver soñar; sabiendo que los sueños sí se cumplen. O tal vez no. Y, paradójicamente, no hay diferencias sustanciales. Lo único  importante es apostar, atreverse, intentarlo; así sea nadando a contracorriente. Después de todo, la vida es muy corta para vivir como una ameba. El poeta venezolano Eugenio Montejo lo expresaba así: ‘Sólo trajimos el tiempo de estar vivos/ entre el relámpago y el viento; /el tiempo en que tu cuerpo gira con el mundo,/ el hoy, el grito delante del milagro; /la llama que arde con la vela, no la vela, /la nada de donde todo se suspende/–eso es lo nuestro.

Dicho esto, sólo puedo hacer un agradecimiento público a Dios y a ‘Maestra vida’ (en todas sus manifestaciones y formas) por otro año más de vida. ¡Feliz 2018 para ti, que estás leyendo esta entrada, y que tu palabrario 2017, lo hagas público o no, esté lleno de sentido para ti, en la tristeza y en la alegría!

 

 

 

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