Entre Morgan Freeman y Siddhartha

La paciencia más que una cualidad es una actitud

No sé qué fue primero: si escuchar la frase (en la boca de mi mamá, muy seguramente) o ver la película Evan Almighty (El retorno del Todopoderoso). Tal vez, mi mamá vio el film antes de que yo lo hiciera (o alguien, simplemente, le hizo un comentario) y ella compartió la ‘reflexión’ conmigo. Lo cierto es que las líneas de Morgan Freeman (el GRAN Morgan Freeman, interpretando a Dios) me impactaron: “Si le pides a Dios, ‘PACIENCIA‘…¿Crees que Dios te dará paciencia? ¿O te dará la oportunidad de ser paciente?”.

Y las veces que he pedido paciencia son incontables. Ahora mismo estoy en un entrenamiento intensivo para ser más paciente. En la entrada anterior ya había dicho que estoy aprendiendo, con sus altibajos, a pensar antes de hablar/reaccionar y, paradójicamente, esta empresa me está ayudando a callar. El cometido se mantiene, mas es nada fácil. Hay que decir que mis niveles de susceptibilidad no son los de un monje tibetano (y si estoy muy cansada, tengo mucho sueño o mucha hambre mis niveles de tolerancia pueden bajar…un poco más).

A estas alturas, decir que el otro es un maestro es llover sobre mojado. Ahora para mí el otro ha cambiado de oficio. De maestro ha pasado a ser cartero…o mensajero, si se quiere. Y decir cartero/mensajero es muy romántico, visto que estos son días de ‘wasap’ (según la RAE ésta es la grafía correcta) y no de cartas, y cada vez menos de emails. La tarea del otro, entonces, es portar un mensaje…y depende de mí si lo recibo o no. Pero no es explícito. El otro no dice: “Entré a tu vida para llevarte a desarrollar la paciencia y la tolerancia; y para ello te ‘joroboraré’ un poco (más precisas son las expresiones italianas: ‘rompere le palle‘, que equivale a ‘romper las pelotas/las bolas’ o, el eufemismo, ‘rompere le scatole‘, que significa ‘romper las cajas’… No entremos en especulaciones entre el nexo entre testículos y cajas).

No, la otra persona no puede decir eso (no porque ´romper las pelotas’, o su variante ‘las cajas’, sea un poco vulgar), mas sí porque ella misma ignora el rol que desempeña (ya sea como cartero que como’ joroborador/’rompedor de pelotas’). El mensajero, para seguir con la analogía, ignora el mensaje que lleva. En caso que llegase a saberlo, no podría ni siquiera abrir la correspondencia. Y si osara a hacerlo puede que ni la entienda.

Sin embargo, el mensaje mucho más que el ‘contenido’ per se es la ‘forma’ cómo se expresa.  El reclamo que el otro hace, independientemente de mi cuota de responsabilidad, puede que tenga más que ver con sus propios asuntos inconclusos que conmigo. Yo soy únicamente el detonante…así como los reclamos de la otra persona vienen a ser el catalizador de reacciones, que en última instancia, están relacionadas con mi historia personal. No entraré en postulados psicoanalíticos. Déjemos quieto a Freud. Yo prefiero a Jung, aclaro.

No obstante, llegar a este punto, sin ánimos de vanagloriarme, es un salto cuántico en mi vida. Recuerdo que la ‘hermana directora’ del colegio de monjas donde estudié, parte de la primaria y parte de la secundaria, solía decirme: ‘Si no la ganas, la empatas’. Y para mí era un elogio…Como si el verbo pertinaz hubiera sido un don celestial. Muchos años después, en la revista en la que trabajaba, en Caracas, el editor decía que mi ‘capacidad’ para tener una respuesta siempre presta era ‘impresionante’ (ahora que lo pienso, quizá, era una crítica velada). Mi condicionamiento ‘pavlovliano’ era tal que, con frecuencia, yo misma solía decir, en son de broma, que yo tenía ‘la lengua más rápida del oeste’…y no sólo porque hablo rápido (ojo: ‘Lengua rápida’ no es sinónimo de ‘lengua larga’. Los chismes me desagradan).

Ahora mismo un pasaje de Siddartha, el libro de Hermann Heese, viene a mi mente. Siddhartha, quien apenas había renunciado a su vida ascética, le decía a un mercader: ‘Escribir es cosa buena, pero mejor es pensar. Ser inteligente es bueno, pero ser paciente es mejor’..Más adelante el narrador añade que Siddhartha, quien pasó a ser la mano derecha del mercader, ‘llegó a conocer muchas cosas nuevas, escuchaba mucho y hablaba poco’.

Con toda esta teoría (pseudo)profunda y sencilla, pudiera parecer –valga la inmodesta comparación– que yo soy la versión latinoamericana (y en femenino de Eckhart Tolle). Hasta aquí me siento también como si fuese una conferencista TED, en medio de una de esas disertaciones que tanto inspiran. Nada más alejado de la realidad. ¿La práctica?..La práctica es otra historia…La ‘práctica de la paciencia’ requiere, primero que nada, respirar hondo, y a veces hasta hondísimo. No hablemos de contar ya sea hasta diez o hasta cien (¿ a quién engaño? creo que eso nunca lo he hecho). También en necesario sonreír un poco (en la justa medida, porque si no termina siendo una sonrisa cínica; y eso sería peor)…y reírse (para mis adentros), para desdramatizar la situación. También ayuda asentir y, cuando mucho, decir cosas tipo: ‘Ajá’, ‘uhum’, ‘sí’, ‘okey’…y para ser más expresiva puedo añadir: ‘Ho capito‘, ‘hai ragione‘ o ‘va bene‘(‘entendí’, ‘tienes razón’, ‘está bien’). En el momento crucial (¡esta es la verdadera prueba de fuego!), en lugar de argumentar es mejor tener presente que ‘menos palabras equivale a  menos problemas’. El axioma minimalista lo refleja perfectamente: Menos es más.

Pero que no se crea que estoy quejándome ante mi ‘comedimiento verbal autoimpuesto’ (o al menos el intento de ello). No, muy por el contrario, reivindico los motivos para sentirme inspirada…y agradecida, sobre todo…Y la llegada de la primavera es uno de ellos, y con mi rutina (temporal) de ‘neo-rural’ puedo apreciarla aún más. Puedo incluso sentirme en sintonía con la natura que despierta. Si bien ya a finales del mes pasado algunos árboles ya habían florecido. Mas no se trata del colorido de los tulipanes, de los almendros, de las amapolas y de las caléndulas, entre otras, que saltan a la vista. Se trata de una cosquillita en la panza, de una alegría ante un nuevo comienzo, de plantar, de llenarse de optimismo…y de un optimismo que no tiene que ver con un otro (Cupido no media en todo este asunto). De una sensación parecida a la que canta Chambao…Ésa de:’Mirar al cielo y dar las gracias’. Y, por fortuna, no hay ‘censura’ alguna para ‘dar las gracias’.

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