Latinoamérica: ‘el pueblo sin piernas pero que camina’*

Mejor representación de Latinoamérica, imposible.

Mañana a esta hora, Claudio estará cruzando el Atlántico.  Nunca ha ido a Latinoamérica y esta es la primera vez que lo hace. Debe estar emocionadísimo, aunque él no lo expresa en ese modo. Hace dos días cuando hablé con él todavía  no había hecho la maleta. En realidad no necesita tanto, visto que estará allí poco más de dos semanas.

Su plan inicial era ir a Guatemala, pero ahora ira a El Salvador. Yo nunca he estado en Centroamérica, pero me alegra mucho que él pueda hacerlo. La suya es una visita no estrictamente turística. Él, “pecador confeso”, quiere conocer las actividades llevadas a cabo por una orden religiosa de sacerdotes, “pecadores no confesos”, presente en el país desde hace muchos años.

Al saber que iba a El Salvador le prometí ponerlo en contacto con una colega venezolana que vive allí desde hace un buen tiempo. Acto seguido, le hice escuchar “El padre Antonio”, de Rubén Blades, inspirada en monseñor Arnulfo Romero, quien fue asesinado cuando oficiaba una misa en San Salvador, por oponerse abiertamente a la dictadura militar que oprimía a la nación.

Le expliqué la letra de la canción, haciendo el esfuerzo de no bailarla.  La parte que más me gusta es, le dije: “Y su familia está muy orgullosa, porque a su vez piensa/ que con Dios conectando a uno, conecta a diez”, refiriéndose al niño Andrés Eloy Pérez, quien hacía las veces de monaguillo.

Le dije que mons. Romero, goza de mi simpatía, por haber usado su condición clerical para luchar en favor de la justicia y no para aprovecharse de los más vulnerables, como han hecho y cotinúan haciendo tantos tantísimos sacerdotes.  “Suenan las campanas/por un cura bueno/ suenan las campanas de Arnulfo Romero/ suenan las campanas de la libertad/ suenan las campanas por nuestra América”

Después escuchamos ‘Desapariciones‘, también del gran Rubén. Hice énfasis en la estrofa que, quizá, dice más sobre la idiosincrasia del continente, si de tal cosa se puede hablar:

“Anoche escuché varias explosiones, tiros de escopeta y de revólveres/carros acelerados, frenos, gritos, eco de botas en la calle/toques de puerta, quejas, por dioses, platos rotos/ estaban dando la telenovela, por eso nadie miró pa’ fuera”.

Después de la sesión musical, le reitero que me alegra mucho su viaje…así como me alegra mucho cada vez que un europeo va a Latinoamérica, sobre todo si no va en calidad de turista, porque el eurocentrismo es una visión distorsionada del mundo, una suerte de enfermedad, una miopía terrible, que divide el mundo en dos categorías tan generales como antipáticas y simplonas: ‘desarrollados’ (gente que puede comprar todo lo que quiere y más de lo que necesita) y ‘subdesarrollados’ (gente que no puede comprar lo que necesita).

Le digo que en Latinoamérica no necesitamos europeos que nos ‘ayuden’ para sentirse mejor, que el continente donde nací es rico, riquísimo en recursos naturales y en gente preparada, resiliente y de naturaleza cálida….sin ser ni pretender ser santos, por supuesto. Los problemas que aquejan a Latinoamérica tienen mucho que ver con la corrupción, con un sistema de explotación heredado de la colonia, que hoy se manifiesta en transnacionales, sean chinas, europeas, o estadounidenses, que explotan lo mismo bananas en Ecuador, cobre en Perú, litio en Bolivia y soya en Brasil, por nombrar solo algunos casos.

Ni que decir de los vecinos del norte que hasta se han apoderado del nombre del continente para autodenominarse. Le advierto a Claudio: “Ni se te ocurra decir ‘América’ para referirte a las personas que viven/nacieron en el país del ‘Tío Sam’…Basta con que digas ‘gringos’ o ‘estadounidenses’ “. Esperemos que siga la recomendación.

Un rato después me dijo: “Siento envidia del modo cómo hablas de la tierra de donde eres. Nosotros los italianos somos siempre los otros… sin sentido de orgullo o amor por nuestro país”.

Le aclaré que lo mío es más que “orgullo”, porque ser latinoamericana no es un mérito. Me gusta mucho serlo, eso sí, quizá por la familiaridad, porque son mis raíces y porque se trata la mezcla (im)perfecta entre occidentalización y realismo mágico. No obstante, sé que las nacionalidades son una falacia asi como lo son las fronteras y las identidades culturales. Todos constructos humanos, circunstanciales, caprichosos y no importantes, mas muy determinantes.

Si naces aquí tendrá beneficios que allá jamás tendrías; si naces allá conocerás todos los procesos habidos y por haber para obtener una visa; si naces aquí la gente asume que eres culto, inteligente, honrado y decente; si naces allá tendrás que demostrar que eres honesto, talentoso, preparado y que tienes algo que ofrecer. No obstante, parte del estereotipo es favorable…y lo reivindico. Los latinoamericanos somos amigables y bailamos bien.

Seguro en tres semanas Claudio no aprenderá a bailar, pero deseo que pueda encontrar un país que lo reciba con sana curiosidad, con gente sencilla que le permita ver y deshacerse del eurocentrismo que, a pesar de sí mismo, él pueda tener. Buon viaggio, caro Clau!

 

*Sea el título de esta entrada que la foto son parte de la canción ‘Latinoamérica’, de Calle 13.

Comments: no replies

Expresa tu opinión