La verdadera bendición

Aunque suene un cliché las amigas son un tesoro

Le haber escrito esto hace una semana, habría hablado sobre la primavera que arribaba y lo hacía precedida por un eclipse de sol; eclipse que aquí, en Roma, no se apreció tantísimo. Habría dicho, tal vez, que la temporada alta ya inició: hay turistas por doquier…y que, por mi salud mental, me abstendré de estar por los lados de Piazza Venezia, de la Fontana de Trevi y de Termini a menos que sea inevitable.

Habría hablado también de la proyección-conversatorio, en una biblioteca pública, del film Border (2013), que aborda el conflicto en Siria. Habría dicho que jamás había pensado en los miles de niños que, una vez huérfanos, terminan combatiendo con y para aquellos que les han robado la infancia. No habría hablado de política internacional ni de la dinámica de esta guerra. Habría dicho, sin embargo, que para mí fue significativo conocer a algunos de los actores del film. Casi todos sirianos, amateurs y con una historia difícil de imaginar. Mas, ¿qué se le puede decir a quien te cuenta de la bestia bélica que ha confiscado y roto vidas, familias, sueños e inocencias? Un “sí, me imagino” se muere con su propia buena intención banal. No hay manera de imaginar el horror de la guerra…ni siquiera después de ver dos, cinco o cien horas de películas y documentales. No hay consuelo que valga. Tal vez, escuchar atentos es lo mejor que se puede hacer. Ellos, por su parte, no pedían conmiseración ni lástima, pero sí respeto hacia los sirianos que, cada vez más, arriban a Italia; no con anhelos de primer mundo, pero sí con las pesadillas recientes de la muerte.

De haber escrito la semana anterior, habría hablado de una señora proveniente de la India, quien dice o deja que otros digan que ella es, nada más y nada menos, que una encarnación divina. Así de simple, como si alguno dijese: ‘Yo soy el profesor Juan Pérez’ o ‘yo soy María López, la vecina del cuarto piso’. Sus ‘vínculos divinos’ los ignoraba. Cuando acudí a su encuentro, aquí en Roma, sabía o pensaba que era una ‘maestra espiritual’ o algo por el estilo. Fui allí movida por curiosidad y en la búsqueda de cualquier ‘ayudita’/empujón espiritual también, debo confesar.

Una vez en el sitio, me sorprendió ver cuanta gente estaba deseosa de recibir el correspondiente Darshan (‘contacto visual con la divinidad’, en sánscrito). Según ella y los organizadores, el Darshan viene a ser una mirada auspiciosa. Una bendición visual, digámoslo así. Permanecí sentada por casi dos horas, esperando mi turno. La energía del lugar era ‘normal’: ni pesada ni sutil, ni oscura ni luminosa. Y como los celulares debían estar apagados, las conversaciones no eran permitidas y no podíamos tener ni siquiera un libro en las manos, la sensación de tedio/vacío era inevitable. Esto es lo que llaman ‘meditación activa-pasiva’ pensé: el hecho de estar aquí y en el ahora, no en Facebook, en WhatsApp, en Gmail o en Instagram. Cuando llegó el turno de los de mi fila, hicimos la cola en el pasillo, nos pusimos de rodillas y empezamos a marchar así hacia ella…arrodillados. Yo pensé en mis meniscos un poco lesionados, producto de mi antigua rutina como corredora aficionada, pero preferí callar. No quería pasar por ‘picky’…Así que me dije: ‘Hagamos el performance completo’. Debo decir que hasta aquel momento no había sentido nada especial… y después mucho menos.

Ella estaba sentada en una silla ubicada en una suerte de palco pequeño. Ahora que lo pienso, ella estaba como entronizada. Y quienes regresaban a sus puestos tras haber recibido la mentada ‘bendición visual’ no lucían ni plácidos, ni relajados ni satisfechos. Después de haber estado en su presencia, primero cabizbaja y luego viéndola a los ojos, mi sensación era de cualquier tipo menos grata. A decir verdad, sus ojos, entre marrones y verdes para más señas, me transmitieron perturbación. Tampoco supe si tiene la dentadura completa o no, si sus dientes son blancos o amarillentos, si las encías son rosadas o violáceas, y ni si su sonrisa es moderada o amplia como la de Julia Roberts. Ella se mantuvo con la boca cerrada, inexpresiva, casi estoica todo el tiempo…Y no únicamente conmigo. De vuelta a mi asiento sólo trataba de identificar aquello que experimentaba. No encontré un rótulo apropiado y solamente esperaba que todo terminara rápido. Poco más de media hora después empezamos a salir. En el lobby (el evento fue organizado en un hotel) ya los voluntarios/organizadores estaban prestos para vender inciensos, fotos, libros, cuadernos, tazas y llaveros, entre otros artículos…¿Capitalismo espiritual o capitalismo sin alma? Me limitaré a decir que ahora esta señora está en Australia y tras pocos días estará de gira,–con sus ojos abiertos, su boca cerrada y toda la mercancía–, en República Checa, Estados Unidos y Canadá.

Pero como la semana anterior no escribí…y decidí postergar cualquier intento de hacerlo, no hay modo de (casi) cerrar esta semana sin escribir y sin decir que ahora sí me siento profundamente bendecida. Y esta bendición no tiene nada que ver con el evento pseudo-espiritual de hace casi diez días. Esta es una bendición que no salió de lo ojos de nadie, pero sí de los corazones de muchas. Es la reiteración de que no hay distancia que el cariño no salve y de que una nota de voz, un mensaje en WhatsApp o una conversación en Skype tienen poderes inconcebibles: el don de arrancar lágrimas y sonrisas, la capacidad de dar un abrazo invisible pero confortante y la posibilidad, no menos importante, de hacer que conejos salgan de sombreros justo cuando la función peligraba por falta de ellos. Esta bendición tiene nombres…nombres de mujeres, de buenas amigas y hermanas que, desde un lado y otro del Atlántico, me han dado tanto afecto que la palabra ‘Gracias’ no será jamás suficiente. Para cada una de estas hermanas van mis bendiciones (visuales, auditivas, olfativas, táctiles y no sé si escribir ‘gustativas’) y kilos de afecto. A todas ustedes: ¡¡Las quiero muchísimo!! :).

Comments: 2 replies added

  1. Evelin April 4, 2015 Reply

    También la "bendición" de recibir pao paos gratis. Yo también te quiero mucho.

    • Mela J.H.R. April 4, 2015 Reply

      Sí, mi Eve...La franqueza también forma parte (y muy importante) de la amistad...Una vez más: ¡¡gracias!! :)

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