María Sonia Baldoni: si las plantas hablaran

María Sonia Baldoni: una vida consagrada al mundo de las plantas

A Maria Sonia Baldoni la conocí hace seis meses en la ecoaldea donde vivo. Ella había venido para dar un taller sobre hierbas espontáneas…Esas que ella reconoce a simple vista y de las que sabe tanto. Sonia, más que enciclopédica, es sabia…mas sin ser ortodoxa ni mucho menos pedante. Su cabello largo le da cierto aire ‘brujístico’, muy a tono con el mote con el que es conocida: ‘La sibila de las hierbas’ (las sibilas son personajes mitológicos con dones proféticos); y su carro lleno de plantas no hace sino confirmar su excentricidad. Pero ojo: ella es una tipa lúcida y valiente como pocas. Y si dudas caben, basta saber que renunció a un empleo seguro en el sector financiero, para difundir, entre niños y adultos, lo que ha aprendido en casi 40 años en el mundo del herbolismo…al tiempo que críaba a tres hijos. Todo esto sin ser particularmente pudiente.

Me cuesta trabajo imaginarla diciendo que hierba mala nunca muere…Para ella, seguramente, las malas hierbas no existen; existe sí el conocimiento, empírico más que teórico, que permite distinguir las especies que pueden usarse de aquellas que no. Lo que cuenta es la vista entrenada que permite diferenciar caléndulas, árnicas, malvas, margaritas, entre tantas otras…y la voz de la experiencia que susurrará si usarlas como medicina, alimento o elemento ritual y sobre todo, de qué manera.

¿Cuándo se trata de plantas e hierbas, dónde está el límite con la magia?

No hay límites, porque una puerta abre otra, un mundo me abre otro. El estar hechos de la misma sustancia que las plantas, nos lleva a usar los sentidos para encontrar los colores que restauran nuestra armonía interna; los perfumes que cambian nuestro estado de animo y las texturas que nos indican si podemos usarlas como alimento o como medicina. La materia nos revela también otra dimensión: la ciclicidad de la vida. Cuando nos falta la fe y nos asaltan las dudas, acercándonos a la naturaleza vemos que la planta brota, florece, se seca y después comienza de nuevo.

¿Puede decirse que hay un discurso espiritual en las plantas?

Ciertamente. Cuando hablamos de fe, encontramos la indicación de la dirección que debemos seguir para realizar un proyecto. No obstante, es preciso iniciar con un pensamiento claro que luego se convierte en acción. Y si después el resultado es totalmente diverso y esto nos causa heridas y tensiones, y sentimos como si el universo no escuchase; la naturaleza nos enseña que el equilibrio existe, aun cuando no hemos recibido aquello por lo que hemos trabajado. Y dices: ‘Está bien, lo que me has enviado no me gusta, pero probablemente es lo que me sirve’. Quizá se nos está sugiriendo emplear el esfuerzo en otra dirección. La existencia siempre sabe más que nosotros. Podemos llamar ‘espiritual’ a la certeza del equilibrio perpetuo, presente en el mar, en las olas que van adelante y atrás; en el sol que se oculta y en el día que termina para luego iniciar de nuevo;  y en el hecho que ninguno puede sustituir o añadir una gota de agua en el planeta. Esta reflexión nos da la certeza que todo está marcha como debe, sobre todo en los momentos difíciles.

¿Cómo empezaste a trabajar en este mundo?

Yo comencé hace muchos años, casi 40, cuando iba con mi suegra a recoger la hierba para cocinar. Después vi que era divertido, que era un modo de estar en movimiento en medio de la natura, diferente a la caminata veloz o a la gimnasia; y era un modo de inclinarse, en reverencia, para recoger aquello que después llevarás a casa…Mi trabajo surgió a medida que recababa testimonios del uso y me apasionaba; y siempre le pedía a la gente que tuvieran la planta en la mano, para evitar malentendidos, porque los nombres pueden variar de una región a otra. Y después los testimonios pasaron a ser más profundos e incluso de conocedores, como farmacéuticos y naturópatas.

¿Cómo se aprende de las plantas?

El aspecto botánico es extremamente importante cuando debemos llevar nuestro conocimiento a los otros, pero primero debemos reconocer y esto sólo es posible en el campo. En cuarenta años no he conocido una persona que haya aprendido a identificar las hierbas a través de los libros o estudiando. Esto también nos entrena también para distinguir a las personas, sea por su calidad como por sus valores, porque las personas están hechas de la misma sustancia que las plantas. Y cuando la persona se siente reconocida es como si le hicieras el regalo más grande que hay: el derecho a existir…y lo mismo ocurre con las plantas.

¿Todas las partes de la planta pueden usarse?

Las raíces no las tomo mucho en cuenta para cocinar, a excepción del topinambur (topinambo, pataca). Uso los brotes uso cuando quiero comer la parte blanda. Los pétalos y las hojas las consumo en infusión, gotas o en ensalada; y para transformarlos me limito a la solarización, que es simple, aunque rigurosa, porque debo estar segura de tener sol por al menos tres horas. Y es toda una ceremonia: recojo pétalo por pétalo, entro en el alma de la planta y le cuento del uso que los pueblos le han dado.

¿La forma de las plantas pueden darnos indicios de su uso?

Seguramente sí, porque nuestros antepasados seguían la forma. Por ejemplo, la Ceterach officinarum, que crece en el medio de las piedras y las rompe puede ayudarnos a remover cálculos renales, sin necesidad de tomar pastillas.

¿Y cuáles son las opciones para quienes viven en ciudad, sin un huerto o jardín?

En la terraza o en el balcón se pueden meter hierbas aromáticas como la hierbaluisa y la melisa (ambas son perfectas para hacer infusiones), el romero (sirve para la memoria), la salvia (para todas las fases del ciclo menstrual), la aquilea (para reforzar el sistema inmunológico) y el tomillo (como antibiótico natural).

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