Un manantial de consciencia llamado Panta Rei

El corazón de Panta Rei

Panta Rei nació en 1993, mas no comenzó de cero. El terreno había sido allanado, literal y figuradamente, por la cooperativa ‘La Buona Terra’, fundada en 1976 y que administraba una granja dedicada a la ganadería, especialmente de ovejas, cabras y caballo; y conducía una granja escuela –la primera en Italia– que permitía a los niños participar en diferentes labores del agro.

No obstante, este nacimiento asistido no fue indoloro. Las tierras y las estructuras, inicialmente pertenecientes a La Buona Terra, fueron quemadas por un incendio que se originó en el poblado y ya no era posible continuar con la cría de animales. Entonces, no sabían qué hacer con la propiedad, ubicada en el municipio Passignano sul Trasimeno, en la región de Umbria. Pero Dino Mengucci, líder y uno de los fundadores del grupo, tenía el deseo y la determinación, de recuperarlas para llevar adelante actividades educativas de tipo ambientalista. El incendio mismo fue, paradójicamente, la chispa, el detonante.

La vista del Lago Trasimeno es uno de los encantos de Panta Rei

Dino se las jugó todas, tal como lo había hecho años atrás, cuando renunció a su trabajo como auxiliar de vuelo en Alitalia y a un estilo de vida privilegiado para cultivar la tierra…tal como lo hacían sus padres, humildes campesinos analfabetas. Esta vez el el reto era darle una nueva vida al lugar. ‘Tenía ganas de recuperar las instalaciones usando las técnicas de bioconstrucción, de modo que la  formación continuase, pero más orientada al tema de la “conciencia sobre el gesto cotidiano”, la energía, la calidad de vida, el agua y el uso de los recursos’, explica.

Y muchas manos se pusieron a la obra empleando materiales de bajo impacto ambiental como madera, tierra cruda, corcho, piedra, caña; mas aprovechando las estructuras de acero que ya estaban, como se lee en la pagina web del centro…y como puede notarse a simple vista. Así el ‘Centro de experiencia para la educación y el desarrollo sostenible’ Panta Rei vio la luz. Sin embargo, el nombre no fue planificado. Espontáneamente y como una suerte de epifanía, delante del notario, el primer presidente de la nueva cooperativa, Vincenzo Vizioli, dijo: ‘Panta Rei,  que significa “todo fluye” en griego clásico, cuenta Dino.

Más de 20 años después se cuentan por miles los estudiantes, colegiales y universitarios, que han visitado Panta (como viene llamada afectuosamente)…y quienes han venido, siguiendo un lema ‘pantareiniano’, a ‘aprender haciendo’…Hoy día, talleres, pasantías y seminarios, se traducen –como si fuese un legado– en una parte considerable de las construcciones e instalaciones. Claro, nobleza obliga a reconocer también el apoyo fundamental de personas, asociaciones ecologistas como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), escuelas, universidades y el gobierno regional, para que el proyecto haya ‘fluido’ y siga ‘fluyendo’.

Y como este es un ‘territorio didáctico’, como dice Maria Luisa Pasquarello, Mery, la actual presidenta de Panta Rei, todo puede ser una fuente de exploración, de aprendizaje (sobre todo a través de la acción) y de toma de consciencia. Los lavamanos del edificio principal son una prueba de ello. ‘Los grifos son todos diferentes…y cuando uno se da cuenta, quizá, se cuestiona y descubre que sirven para que experimentemos el consumo de agua en función a la elección del grifo. Hay además un contador que te permite ver el impacto de consumo. Pero aquí ninguno viene a fastidiarte porque debías saber esto’, amplía. Y aunque en Panta Rei se presta atención a no dejar las luces encendidas y a no malgastar el agua, nadie se preocupa por cerrar las puertas. ‘El portón está siempre abierto. Aquí no tenemos llaves que cierran. Quienquiera puede entrar y tomar lo que quiera. Preferimos ser robados que estar enjaulados’, enfatiza Mery.

Según el grifo usado se puede usar más o menos agua

 

 

Mas no es exceso de rebeldía ingenua, negligencia o falta de cautela. Es una elección, en consonancia con una visión del mundo. ‘Dino sueña una sociedad que sea como un huerto sinérgico. Las plantas dejan lo que no les sirve y toman lo que les sirve. No toman todo. Asimismo los animales y no están nada mal. Nosotros también podemos hacer lo mismo’, revela Mery, quien por ser la pareja de Dino lo conoce bien.

Dino lo resume de este modo: ‘Creo que accoglienza (acogida/bienvenida) es uno de los términos más bellos del italiano, porque quiere decir compartir, participar, ser feliz del otro y entrar en relación con la natura y con todo el resto. La Tierra nos acoge. Si aprendemos de ella a ser receptivos podremos, realmente, cambiar el mundo’.

El territorio de la belleza

De manera orgánica, diríase fluida, Panta Rei empezó a tener habitantes más o menos permanentes, quienes residían aquí y ofrecían sus talentos y competencias para llevar a cabo las tareas, sean cotidianas o extraordinarias, que el sitio demanda. Porque sí: enclavados en el bosque y con una vista envidiable del Lago Trasimeno, estos predios son bucólicos, por decir lo menos; pero el ritmo de trabajo puede ser agotador. Entre niños y adolescentes, huéspedes, participantes de las numerosas actividades –propias y de terceros– y el mantenimiento del lugar, siempre hay (mucho) que hacer.

Giusseppe Mincone, alias Beppe, lo sabe bien. Él es una de las personas con mayor antigüedad en el grupo. Un reincidente, si se quiere. La primera vez que vino, atendiendo una invitación de Mery fue en el 2010. Y después de reiteradas visitas y estancias decidió mudarse…y se quedó por un año y medio, entre 2011 y 2013. El 1 de enero de este año regresó, pero con una misión que cumplir: la coordinación del centro, si bien él no se define como coordinador. ‘Este lugar tiene la ventaja que, a decir verdad, no hay un jefe. Hay una responsabilidad que te lleva a estar en derecho de vivir, primero que nada, en el mundo, y éste es el enfoque inicial de Panta Rei’.

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En Panta, ‘dar una mano’ es mucho más que un decir  (Foto: cortesía Panta Rei)

Fue precisamente Beppe quien me recogió en la estación de trenes el día cuando llegué a Panta, a mediados de abril. En el camino boscoso y empinado para llegar aquí, le pregunté acerca de su experiencia como residente…Recuerdo que estaba nerviosa y emocionada, porque yo nunca había estado ni vivido en un ecovillaggio (ecoaldea, en italiano)…y tenía una idea muy vaga de lo qué era (o podía ser). Recuerdo también su reacción inmediata, casi de estupefacción. Negó, casi vehementemente, que esto fuese una ecoaldea. ¿Qué era, entonces?, pregunté…La respuesta de aquel entonces fue bastante similar a la que me dio en esta ocasión: ‘He visto que cuando se habla de ecoaldeas se habla de un sistema, de un recinto y aunque de una secta, se habla de personas cuyo fin es ser distinto de los otros para, luego, invitarte a su recinto. Y me gustaría aclarar que este sitio funciona porque es un territorio abierto. La comunidad es todo: ciudades, pueblos, el mundo entero…y frecuentemente se habla de “comunidad educante”. La comunidad educante es aquella que acepta el mundo y las personas como son, para entrar en sinergia. E incluso el término “comunidad” puede ser malinterpretado y crear un cierre en la misma apertura. Quizá es un temor mío. Mientras, invéntate otro nombre, pero que de la idea de un abierto’.

Mery es del mismo sentir. Ella vino de visita y decidió quedarse por amor, como ella misma dice, hace ocho años, después de iniciar su relación con Dino. Claro que ella jamás se imaginó viviendo en un contexto como éste. Sus sueños de juventud eran más cosmopolita, en una ciudad como New York, donde se imaginaba entre intelectuales y artistas. Sin embargo, la belleza que la circunda –ésa que no deja de sorprenderla y de conmoverla– no la cambiaría por la rutilancia de la ciudad, donde siempre había vivido, en medio de personas muy diversas, especialmente entre intelectuales y artistas…como ella.

‘Panta Rei se está convirtiendo en un pedazo del globo terráqueo libre, que hace su parte para que toda la Tierra sea libre, porque nos necesitamos el uno al otro. Ningún ser humano se puede erigir superior a otro ser…y si lo hace que sea para servir. Es esto lo que me resuena. ¿Es esto una familia? No sé. ¿Es esto una polis? No se. Sí, también. ¿Es una empresa? Sí. ¿Es un caos? Sí. ¿Es una estructura organizada? Sí. No sé responder a esta pregunta, porque pienso que sea un territorio en el cual artistas rupestres, que somos nosotros, nos inclinamos con humildad en la búsqueda del expresarse, activando belleza’, dice.

La confianza se hace bien colectivo

Por estos días vientos de cambios se respiran. De transición, que llaman.Transición de un espacio de propiedad privada a uno con límites expandidos. En otras palabras: la idea es que Panta Rei se convierta en un bien común…uno que también trascienda a Dino. Porque hay que decirlo: para casi todos, Panta Rei es Dino Mengucci. Y no exageran.

Cuarenta años de su vida, Dino los ha pasado trabajando por este sueño. Ahora él tiene 73 años y es fácil imaginar que la energía no sea la misma del inicio, aunque él continúa siendo el alma –y los brazos también– de este lugar. Pero él insiste: ‘Yo no soy Panta Rei y justo por esto el Trust será Panta Rei y será por siempre. Más allá de mí…Y estoy listo también para irme, ya sea más allá de la vida o a otra parte. Y a Panta Rei me gustaría verlo siempre abierto y receptivo hacia  la humanidad entera’.

En palabras más simples, no obstante los complejidades del ámbito jurídico, el Trust (del inglés ‘confiar’/’confianza’) es un instrumento legal suscrito por un grupo de 100 personas, que pasarían a ser beneficiarios –porque ciertamente tendrán sus beneficios– y contralores de Panta Rei, que no los miembros de un club o algo por el estilo…Estos cien, por el contrario, deben vigilar que la administración de Panta Rei se lleve a cabo sin desviarse del sueño primigenio: Promover la consciencia del gesto cotidiano. Y todo esto con transparencia y sostenibilidad económica…y sobre todo  dejando las puertas abiertas, para que cualquiera pueda entrar.

Entre ‘pantareinianos

Giacomo (sociólogo, 28) y Giulia (ingeniero, 24)

La joven pareja oriunda de Lombardia, en el norte de Italia, llegó hace un año a Panta Rei, en medio de la búsqueda de ‘realidades alternativas’, en sus propias palabras. Para ellos, sería un punto de partida. El tiempo quiso que se convirtiera en su hogar, para pláceme de sus amigos más cercanos y la preocupación de sus padres, no tanto por el estilo de vida sino por la falta de ingresos…Y apenas ayer se fueron, con la intención de llevar adelante un proyecto similar.

¿Qué les ha llamado más la atención de Panta Rei?

Gia: Todas las personas que han pasado por aquí… y el hecho de que son tantos y en tan poco tiempo, que se llegan a establecer lazos fuertes difíciles de cultivar.

Giu: Es como viajar, pero sin moverse y con más comodida, porque aquí se entremezclan tantas personas  en un ambiente muy dinámico.

¿Cómo se vive aquí siendo una pareja?

GIU: Se necesita encontrar el espacio personal y delimitar el tiempo libre.

¿Extrañan la ciudad?

GIU: La vida en ciudad me gusta un poco, pero ya no me hace falta.

GIA: La vida en el campo es la que me gusta (crecí en una aldea de 30 personas), así como la vida comunitaria, que no viví de niño. No me imagino en cinco años en un apartamento.

¿La gente puede pensar que una ‘eco-aldea’ es algo sectario, una reino de hippies?

GIA: La gente nos preguntaba: ¿pero no tienen  frío en invierno?, ¿tienen luz eléctrica?, ¿cómo hacen para comunicarse? Yo les decía: “mira que no estamos en un monasterio con un cilicio en el muslo. Al, final, para ser una ecoaldea es de lujo, de todos modos.

¿Qué le aconsejan a quienes desean vivir en un sitio como éste?

GIA: No es una elección inmediata. Es un recorrido. Se debe estar preparado para afrontar ciertos retos y situaciones nuevas, aunque no siempre se está verdaderamente preparado…Y meter en segundo plano el proprio ego.

¿Qué les faltará de este lugar?

GIA: Todas las personas que viven aquí. Familiares, amigos, hermanas y hermanos. En lo bueno y en lo malo. Extrañaré la casa, abrir la puerta y tener todo este espectáculo de la naturaleza.

Y si esto fuese un orto sinérgico, ¿qué podría decirse que han tomado?       

GIA: mucha consciencia (más allá del camino interior que no tiene nada con ver con Panta Rei) y experiencia.

GIU: tolerancia y confianza en mí y en los otros.

Enzo  (52 años, informático)

Enzo dio el salto: dejó Roma para mudarse a Panta Rei. Lo suyo comenzó con una búsqueda en Internet y no podía ser de otro modo debido a su formación y su experiencia de 28 años en telecomunicaciones. Este sería una parada más del recorrido que haría para conocer un mundo distinto del de la ciudad. Sin embargo, al llegar, hace un año aproximadamente, desistió en su búsqueda y se hizo visitante asiduo de Panta Rei, hasta que en abril pasado llegó cargado de cajas y de maletas…y sin carro.

¿Estabas familiarizado con la vida del campo?

Soy oriundo de un pueblito del sur de Italia y soy hijo de campesinos. Mi papá tenía un empleo, pero siempre había cultivado un terreno. Y como todo muchacho de aquella época, estuve en el campo hasta los 18 años, cuando, me fui a estudiar.

¿Qué piensan tus amigos del hecho que vivas aquí?

Bue…han tenido reacciones diversas. Alguno ha dicho que estoy haciendo una locura, quien ha dicho que es muy extraño: ‘en la tierra, en la montaña, casi  in la pobreza, donde no hay casi nada’. Otros han dicho: ‘conociéndote, esperaba que antes o después hicieras algo así’.

¿A dos meses de tu mudanza, te arrepientes de tu decisión

No. Yo seguí mi sueño y mi necesidad de cambiar de vida. No llegué con dudas, miedos e incertidumbres para, quizá, descubrir luego situaciones que podían contrastar conmigo.

¿Cuál es el reto de vivir en un lugar como este?

Que es una realidad de paso para muchos y logar articular todos los aspectos: la vida personal, la interacción con los demás, el tiempo que se dedica a la estructura en general y a todas las labores que hay que hacer.

¿Algo parecido a esto podría replicarse en la ciudad?

Pienso que esta realidad se puede replicar tranquilamente, en tantos contextos, pero es más fácil en un lugar donde el contacto con la misma natura lleva a tener una visión de la vida diversa, sin las tantas influencias ni las tantas distracciones de la ciudad.

¿Sientes que te falta algo de la ciudad?

No me falta nada en particular. A veces puedo estar dos semanas sin moverme de aquí, porque no siento absolutamente la necesidad; y aquí tengo cosas que me ocupan. Para mí esto es importante: crecer de modo que necesite siempre menos bienes materiales, y Panta Rei es también un punto de partida para una evolución futura.

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