Entre puntos, sombras y alquimia personal

Una de las obras de la transgresora Kusama

Si yo hubiera escrito esta entrada la semana pasada, o incluso hace dos horas, como pretendía hacerlo, hubiera dicho que poco a poco la luz se asoma…Que ya salí del largo túnel en el cual me encontraba el mes anterior. Hubiera también escrito, como lo estoy haciendo ahora, de la alquimia interior; alquimia que pasa por aceptar y abrazar las partes nuestros errores y defectos, para transformarlas en algo valioso y útil para nosotros y para los demás. Mas que no se crea que tengo maestría en la materia. Por ahora, es sólo un concepto.

Justo ayer leía, en un libro que no tiene nada que ver con la teoría de la sombra de Carl Jung, que se trata de transformar la rabia, por ejemplo, en empuje y en valentía; el temor en prudencia; y así por el estilo. Esto es parte de lo que llaman integrar la sombra…¿Cómo se hace? No lo sé. No hay manuales, recetas de cocinas ni aplicaciones para hacerlo. No obstante, antes de llegar a la fase de transformación, se debe pasar por el reconocimiento y la aceptación de esos aspectos oscuros…Y éste, no por ser el primer paso es más fácil o menos doloroso. Aquí no se trata de la madrastra de Blancanieves (confieso que siempre me ha parecido un personaje fascinante) diciendo: ‘¿Espejito, espejito, quién es la más bonita?’, ni de un espejo servil dando la respuesta deseada. En otra versión de la historia, la madrastra quiebra el espejo de las lisonjas y se pone un traje de buzo para explorar en las profundidades de su ser. Finalmente, ella pudo ver que si bien no sabe adónde conducen los abismos del alma, en la orilla terminaría ahogándose igual.

Días atrás, tenía también pensado hacer una referencia a una ‘teoría’ de la que me había hablado una de mis mejores amigas. Ella, a su vez, la había escuchado de una psicóloga y profesora universitaria, quien decía que los eventos de nuestra vida son puntos y como si fuera un juego de niños, trazando rectas y curvas para unirlos, al final podemos ver que lo que parecía una constelación estelar es un castillo o una selva amazónica, una carroza tirada por pegasos, una mariposa o una manzana. Lo que era un mar de puntos siempre tenía un sentido, si bien al inicio puede no ser claro. Y justo ahora, navegando en Internet, (re)descubro que Steve Job, en el famoso discurso de graduación de la Universidad de Stanford, en 2005, ya había hablado de esto. El copyrigth es suyo. ‘No puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; solo puedes conectarlos mirando hacia atrás. Entonces, tienes que confiar que los puntos en algún modo se conectarán en el futuro. Tienes que confiar en algo -intuición, destino, vida, karma, lo que sea. Este enfoque nunca me ha fallado y ha hecho una gran diferencia en mi vida’, decía.

Y hoy, cuando cumplo 13 años de graduación, como comunicadora social, yo también estoy uniendo puntos…si bien tantísimos puntos todavía están nadando, quizá bailando, como si fuera un cuadro de la pintora japonesa Yayoi Kusama. Al igual que Jobs sé que al volver la vista atrás, junto con ‘la senda que no he volver a pisar’, veré el trazado de los puntos de mi vida y, como suele pasar,éste superará la imaginación; aunque a diferencia de las pinturas de Kusama mis puntos, probablemente, no estarán en los museos más importantes del mundo…¡¡¿Pero a mí qué me importa?!! Por ahora, la obra que puedo ver, surrealista a más no poder, me gusta…y cada vez más.

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