Desigualdad económica: el equilibrio desequilibrado

En el subibaja de la desigualdad económica pocos se divierten

Casi tres meses sin escribir. Una pausa. Dos meses fuera de Italia para oxigenarme y encontrar respuestas y nuevas preguntas. Mientras recorría calles lejanas del caos romano, mis inquietudes sobre el trillado mundo mejor, y sobre cómo contribuir con él, emergían de nuevo. Y lo hacían no porque vi signos de pobreza o de marcada desigualdad económica. Todo lo contrario.

En el ‘tour europeo’ encontré, o al menos tuve la impresión, que tanto la economía española como la portuguesa gozan de ‘buena salud’; y vi también como en Irlanda, como un efecto dominó del Brexit, el tigre celta parece renacer.

Paradójicamente, allí donde hay riqueza no vi africanos, casi siempre  nigerianos, pidiendo en las afueras de los supermercados, bares y restaurantes como lo hacen aquí en Italia. Es casi una praxis consolidada. No es de sorprenderse, si de lunes a lunes, a cualquier hora del día, hay alguien allí… Pidiendo. Al verlos experimento sentimientos encontrados: de la compasión al fastidio, de la frustración a la impotencia.

Me resisto a creer que una persona atraviesa el desierto, arriesgando su vida; con toda probabilidad termina en una cárcel en Libia, perdiendo su dignidad; y cruza el Mediterráneo; tentando a la muerte, para terminar mendigando. Ese no puede ser el plan de vida, ni mucho menos el sueño, de ninguno.

Las historias de estas personas, hombres en sus mayoría, no me son del todo desconocidas. Sea porque el tema de la inmigración y los derechos humanos me interesa; sea porque he conocido a muchas de estas personas, mientras trabajé por un período en un campo para refugiados. En la mayoría de los casos los motivos que los llevan, a veces sin tener otra opción, a escapar tienen que ver con guerra y persecución (religiosa, étnica y política). Sin embargo, un denominador común, es la búsqueda de una vida más digna, lo que pasa por salvar las brechas de la desigualdad económica.

Aquí en Italia la situación es preocupante. Con la llegada dela derecha al poder, la xenofobia y el racismo se han exacerbado. El “enemigo”es el otro…el extranjero. Si es negro africano o africano negro, más enemigo aún. Pero pareciera  que pocos se preguntan: ¿Cuál es el mensaje que esta persona trae? Matar al mensajero, física o simbólicamente, es siempre más fácil.

Y vaya que el mensajero tiene tanto que decir. Como un tipo de unos 35 años de Costa de Ivoria, a quien conocí el año pasado. En unas 150 páginas contaba cómo y el porqué llegó a Italia. Él decía, que en África son inmensamente ricos…Ricos en todo y hasta en pobres.

No he visitado la llamada “África negra”, pero siendo latinoamericana el término (y la realidad) de la pobreza en medio de la riqueza, dicho de otro  modo la desigualdad económica, no me es ajeno. Claro, en Latinoamerica la corrupción juega un papel preponderante (basta ver la situación actual de Venezuela para evidenciarlo).

Sin embargo, a a sabiendas de que en la vida todo tiende a equilibrarse, si bien no siempre en modo armonioso, sospecho che el superávit de los países del “primer mundo” (etiqueta que me resulta antipático a más no poder) pesa sobre los hombros de aquellos del “tercer mundo” (etiqueta todavía mucho más antipática). Dicho de manera más simple, si unos tienen mucho aquí, muy probablemente se debe a que muchísimos otros tienen poco, a veces nada, allá. Basta ver las condiciones bajo las cuales trabajan los empleados de muchas grandes corporaciones y la opulencia en la cual viven sus propietarios.

Confieso que no he leído a Marx y honestamente no está en mi lista de pendientes.  No obstante, ignorar el hecho de que el 1% de la población detente la riqueza es imposible. Girar la cabeza, pretendiendo que la desigualdad económica y la situación de quien menos tiene, no es mi problema no puede ser una vía. No se puede lanzar un bumerán sin esperar que, antes o después, regrese.

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