Las aguas de agosto

Las aguas del río Chiusella un  oasis en el norte de Italia

Después de más de un mes de ausencia, al que podemos llamar pausa estiva, que no vacaciones, estoy de nuevo frente a la laptop. Es la tarde de un lunes tranquilo, algo nada usual en la ecoaldea en la que vivo. Traigo a la memoria los fragmentos polisónicos y multicolores de agosto. Fue un mes mágico, me atrevo decir…Un mes de conocimiento, de (re)descubrimiento…y de celebración.

Un mes que comencé haciendo de tripas corazón, durante un taller de movimiento corporal –yo pensaba que era de ‘danza’, pero estaba equivocada– para mover mis piernas sin que las caderas se menearan. Ni hablar del esfuerzo para sacudir los hombros al tiempo que marchaba, teniendo fijo el resto del cuerpo. ‘No estamos en el carnaval de Río’, decía el instructor. Y no me lo decía a mí, pero era claro que era conmigo…’Es más fuerte que yo…Es que la música se me mete por el cuerpo’, les decía tanto a él como a los otros participantes de la actividad. La justificación no era válida ni mucho menos necesaria.

Para Herns Duplan, músico, bailarín y coreógrafo haitiano, residenciado en Francia desde hace más de 40 años, el hecho de que yo fuese latina no era un impedimento para tener coordinación. ‘Debemos tener dominio del cuerpo, en lugar de ser dominados por él’, decía. Ni hablar de cuando estando firmes, con las piernas cerradas y los brazos al lado del cuerpo, a veces extendidos a los lados o hacia el frente, nos tocaba para constatar que nuestros cuerpos no estaban ‘habitados’… Y con ello entendía que éramos poco más que títeres, que podían ser movidos de una parte a otra, con toda facilidad. Hacer acto de presencia era el llamado. Estar presentes no sólo para tener dominio corporal,  sino para estar en el ‘aquí y el ahora’. Esta parte era, con todo y lo sencillo que podía parecer, más difícil que las anteriores. No obstante, después de una semana del ‘ta-ta-ta-ta-ta’ que cantábamos para marcar el tiempo, hubo una evolución –refrendada por el ‘profe’–…y muchísimo agotamiento también.

Y hablar de mis caderas obstinadas es sólo una anécdota. Al final, la expresión primitiva –este es el nombre de la técnica ideada por Monsieur Duplan– es un modo para trabajar, desde afuera, las emociones y los patrones mentales…No en vano, este método ha sido usado, y con éxito, para tratar pacientes psiquiátricos.

Pocos días después, la excusa era perfecta para conocer otras partes de la geografía italiana. En el Piemonte, a menos de dos horas de Francia, tuve una experiencia totalmente distinta, si bien no nueva. Allí no tenía que moverme o estar firme, aunque sí tenía que estar presente…presente para hablar y escuchar desde y con el corazón, dejando por fuera los juicios…Si bien el seminario parecía una convención de hippies, vestidos con ropa multicolor, intercambiando muestra de afectos, nadando desnudos en el río Chiusella y  cantando buena parte del tiempo, lo que poníamos en práctica en ‘La via del cerchio‘, -que literalmente significa ‘La vía de la ronda/círculo’-, se basa en las enseñanzas de los pueblos nativos de los Estados Unidos (hablaré más detalladamente sobre este tema en una próxima ocasión). Lo que experimentamos en esa semana era un modo más humano de relacionarnos y un modo de respetar, y de venerar, a la Pacha Mama. Era un retorno a las raíces…En mi caso era un conectarse, además, con mis raíces indígenas, con esos antepasados que no conocí…y honrarlos.

Agosto fue también un mes de fogatas, de dormir bajo el cobijo de las estrellas…y de pedir deseos, de bailar y sobre todo de recuperar la fe, a veces tambaleante, en ‘El Gran Misterio‘ –como lo llaman los aborígenes norteamericanos– y en sus modos de actuar…Fue un mes de zambullirse, de todos los modos posibles, en el torrente de la vida y de fluir con él. Correr  como ‘agua viva’… Agua viva que va camino al mar.

Y aunque septiembre es todavía un mes joven, sus dones no son poca cosa. Apenas anteayer, durante un taller del Transition Italia (uno de los movimientos que promueven el cambio social) tuve la oportunidad de viajar al futuro lejano, sin drogas ni rituales chamánicos, para mirar al 2016 como quien cierra los ojos para hacer un flashback…Como quien tratar de asir un pedazo de vida inasible. Y aunque el inicio la sensación era extraña, incluso melancólica, al final el optimismo y la gratitud pesaban más.

Proyectar el presente como un pasado remoto fue, sin proponérnoslo, una invitación a visualizar el cambio que queremos ver y, más importante aún, a decir –descubrir en algunos casos– el modo como éramos (somos/podemos ser) agentes de ese ‘antes y después’… Como dice una canción: “These are the days we’ve been waiting for/And days like these who couldn’t ask for more (…)/These are the days we won’t regret/These are the days we won’t forget“(Estos son los días que hemos estado esperando/Y en días como estos quién podía pedir más…Estos son los días de los que no nos arrepentiremos/Los días que no olvidaremos’.)

Comments: 2 replies added

  1. eduardo September 6, 2016 Reply

    Que bonito escribes manzanita!

    • Mela J.H.R. September 6, 2016 Reply

      ¡¡Gracias, Eduardo!! ¡Y q qué bonito que el mensaje llegue! :)

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