Crónicas del racismo o de las razones para viajar de pie

El racismo esconde el miedo de aquél que es 'diverso'

Víctor no sabe que estoy escribiendo este post sobre él, ni mucho menos que el argumento es el racismo. Quizá nunca lo sabrá y si llega a hacerlo, dudo que lo lea, visto que su idioma es el francés. En realidad, su lengua madre es uno de los dialectos de Burkina Faso, de donde es oriundo.

Desde hace más de 10 años, incluyendo casi cuatro en Alemania, vive aquí en Europa. Nunca le he preguntado cómo llegó, ni mucho menos el porqué. Solo sé que su condición actual es de ‘refugiado’ y que, finalmente, está tramitando la ciudadanía italiana.

Tiene casi 50 años, pero aparenta mucho menos. La ventaja innegable de ser negro, digamos. Está casado con una paisana y tiene dos niños pequeños.

Él, sin alardes de nada, me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas; especialmente sobre qué significa ‘ser negro’ en Italia. Es cierto que yo no soy blanca, pero en mi caso es ‘distinto’. Yo soy mulata, soy mujer y soy latinoamericana (no africana). Otros dicen que soy ‘exótica’, lo que me hace sentir come si fuese una guacamaya o cualquier otro especímen importado del Caribe.

En todo caso entro en el ‘margen de tolerancia’, como me lo han hecho notar al menos un par de veces. “A nosotros, los italianos, nos gusta la gente de tu color…pero más oscuros, n0′. Cuando esto me sucedió, con personas distintas en escenarios diversos, yo no supe qué decir. ¿Qué podía decir? “¡Ay, muchas gracias!” o “¡menos mal, gracias a Dios (o a las leyes de Mendel)!”. Opté por sonreír, mientras pensaba: ‘Racismo de m…”.

No me quejo. La gente se comporta con normalidad en mi presencia. Para Víctor la situación es muy diversa, solo que él ha adoptado ‘mecanismos de adaptación’…para hacerse la vida mas fácil y, especialmente, para evitarle ‘molestias’ a los demás. Por ejemplo, en el metro, y me consta, prefiere no sentarse. No importa cuán largo sea el trayecto, él se mantiene en pie, con sus 1.80 metros de altura, que hacen que no pase inadvertido. Él sabe que si se sienta, otras personas podrán verse ‘obligadas’ a estar paradas. Para muchos cualquier cosa es mejor que sentarse al lado de un negro. Entonces, para evitarle dilemas e incomodidades a los otros, él prefiere ‘ceder’ el puesto. ¡Más consideración, imposible! Gracias al racismo, el sujeto de la discrimación, en este caso Víctor, es el ‘responsable’ de los complejos de superioridad y del desprecio de los otros. Un típico caso de ‘el ‘negro’, que no el perro, de Pavlov

Gracias a Víctor, sé también que algunos gitanos que roban diariamente, como si fuese un oficio, en las principales calles del centro de Roma, la tienen mas fácil porque no son negros. Es mas ‘normal’ que, las mujeres, por ejemplo, aprieten la cartera cuando se les acerca una persona de piel oscura. Si, en cambio, quien se acerca tiene la piel más clara hay menos que temer…aparentemente. Ironías de la vida, Víctor trabaja como seguridad en un negocio de ropa y accesorios (una de esas cadenas internacionales, cuyos productos son hechos en Asia y vendidos en todo el mundo por trabajadores subpagados; mientras que sus propietarios figuran en la lista Forbes de las personas mas ricas del mundo).

A fuerza de ver a tantos tomar sus previsiones, porque nunca se sabe si el negro que tienes al lado es un ladrón, un traficante o un violador, Víctor se ha acostumbrado. ‘Los italianos son así…ignorantes’, dice, mientras se encoge de hombros. Lo dice con resignación. La resignación, quizá, de quién se cansó de sentir rabia (cosa que sería súper normal). Pero que no se crea que él es antipático o resentido. Todo lo contrario: es un tipo cordial, educado y agradecido. Buena gente, para decirlo en pocas palabras. No es el alma de la fiesta, aunque tampoco es tímido. Eso si: sonríe a menudo, con sus grandes dientes, blancos blanquísimos de no fumador.

Desde hace una semana no lo veo. Trabajamos juntos en un empleo temporal y debo confesar que es una de las personas de las que más aprendí. Nunca le dije nada, pero me llamaba la atención su ‘sentido de dignidad, a veces aunque un poco extremo. Por las mismas razones que es renuente a solicitar ayuda al gobierno, no le gustaba que otros le brindaran café, agua o chucherías durante el break. Él, simplemente, no quiere deberle nada a nadie. Todo esto sin altivez alguna. Quién sabe si tiene que ver con su carta astral: Él es leo y como tal se comporta.

Poco probablemente volveremos a encontranos, visto que no tenemos intereses en común y vivimos en sitios muy distantes. No obstante, quiero imaginar que su vida mejorará, que conseguirá un empleo mejor (así no deberá viajar tres horas, cada día, para ir y regresar del trabajao), y que, tal vez, podrá comprar un carro (él y su familia lo necesitan) y así no deberá permanecer parado cada que vez que tome un autobus, el tranvía o el metro.

Quiero, sobre todo, imaginar que sus hijos, romanos de nacimiento, le cederán el puesto a las personas mayores y a las embarazadas , por mera cortesía, y no porque deberán ‘espiar’ la culpa de ser negros. Quiero imaginar que vivirán en un país, su país, donde serán tratados con igualdad; y no como si fuesen los tiempos -y los predios- del Ku Klux Klan. Quiero imaginar que ellos no continuarán a contar crónicas sobre el racismo.

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