El bosque de las preguntas

No es la casa del árbol, sino la casa en el árbol

Pese a que el concepto de ecoaldeas no es nuevo, para mí lo era hasta hace un par de meses. En ese momento me pareció un modelo interesante y me conformé con tener una idea muy vaga sobre este tipo de comunidad cuyo objetivo es la sostenibilidad, ya sea social, ambiental y económica. Y como no me puse a investigar, mis dudas quedaron allí…guardadas.Pero ‘maestra vida’, sin que yo lo pidiera siquiera, se encargaría de responder a mis inquietudes  a través del modo más eficaz: la praxis.

La ecoaldea es el lugar perfecto para encontrar respuestas

Maestra vida, a través de amigos de amigos, me traería a un ecovillaggio (‘ecoaldea’ en italiano) en la provincia de Umbria, en el centro de Italia. Aquí  hace vida casi una veintena de personas –incluyendo una niña de 10 años y una bebé de 10 meses– para quienes el uso de energía renovables, el consumo responsable, la autosuficiencia alimentaria –basada en la permacultura u otras formas de agricultura biológica– y  el propósito de reducir el impacto ecológico son parte de un credo no manifiesto. Pero que no se crea que un ecovillaggio es una secta. Nadie se rasga las vestiduras hablando de la importancia -fundamental a decir verdad- de conservar el agua, por ejemplo, aunque todo está dispuesto para sacarle el mayor provecho. La mejor prédica es la práctica.

Y aunque hay cierto ‘proceso de selección’, que yo ‘pasé’ sin ni siquiera ‘postularme’, las puertas están abiertas…Abiertas a la comunidad; a quienes buscan un sitio agradable para pasar ya sea una noche, un fin de semana o sus vacaciones; a niños y adolescentes que vienen, a veces por un día y otras hasta tres, para explorar la naturaleza y a aprender un poco de ella. Y como aquí funciona también un centro educativo que promueve el desarrollo sostenible no es de extrañar que toda clase de interrogantes surja…y las preguntas son bienvenidas. ‘La idea es salir de aquí con (más) preguntas’, suele decirle el coordinador de la ecoaldea a los colegiales durante su recorrido. No sólo ellos (se) cuestionan.

‘Reflejo sólo rostros sonrientes’

Para nosotros, los miembros del proyecto, residentes o no, las dudas e inquietudes van desde lo mas práctico tipo: ‘¿Quién da una mano en cocina hoy? hasta  otras un poco más filosóficas como: ‘¿cómo imaginamos este lugar en un par de años? Aclaro que éste no es un grupo ni de renegados ni de hippies postmodernos ni mucho menos de hippies de ‘la vieja escuela’. Para empezar, casi todos tienen vehículo, smartphones, computadoras y cuenta en FB… casi todos son profesionales, y todos, sin duda, tienen historias ricas en experiencia y conocimiento de vida. Y salvo por una belga (de padre italiano) y yo (la única latioamericana del grupo) todos son italianos.

Y ya sea el sociológo y la ingeniera (una pareja que viajó alrededor de Australia vendiendo artesanías), el italo-suizo que vivió más de quince años en Latinoamérica  (dos de los cuales estuvo en Venezuela), las educadoras, el web master, la video maker, todos los demás y yo (la periodista) coincidimos en que el hecho de vivir en el bosque y de tener un estilo de vida más ‘relajado’, lejos del caos urbano, no nos exime de terminar el día agotados. Porque entre estudiantes y huéspedes, el huerto, la cocina, la limpieza general, el lavado de los platos se va la jornada …y queda un cansancio sin parangón.

Presumo que el agotamiento se deba a que éste es, al mismo tiempo, el puesto de trabajo y nuestra casa…y los límites entre una cosa y la otra son difusos. Porque este es un sitio no es un resort silvestre. Ni siquiera para mí que soy la mas nueva, pero que ya soy parte de la familia -lo que me hace sentir privilegiada y contenta a partes iguales- estas son vacaciones en el  bosque…aunque yo estoy de paso.

Tampoco aquí la famosa ‘vía del medio’ es despejada ni fácil de conseguir. Aún así, creo que esta circunstancia y la compañía de estas personas abonan el terreno para experimentar un estilo de vida que, pese a recibir la etiqueta -un poco simplista, tal vez– de ‘alternativo’, es una propuesta de vida más humana y en armonía con la ‘Pachamama’. Una propuesta que me lleva a renovar el optimismo y a creer que eso que llaman ‘masa crítica’ va en aumento, si bien (aún) no sea la tendencia dominante…Y custodiados por robles -símbolos de fuerza, valentía y de virtud- es más sencillo  y gratificante sumarse al sueño y, sobre todo, a la labor para que muchos otros empiecen a cuestionar(se) si, después de todo, esta ‘civilidad’ tan consumista como voraz es una opción conveniente o no, por no decir ‘(in)inteligente’ o no, y actúen en consecuencia. 

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  1. Pingback: Lecciones de la emigración | Senda y caminos

    […] (o que ya hicieron) y de las regatas en las cuales competirán (o han competido). Mientras en la ecoaldea, hablan de masa crítica, consumo responsable, agricultura alternativa y de energía sustentable, […]

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