Catania central: Estación esperanza

Un grupo proveniente de Siria hace una pausa en la estación de trenes de Catania

Era primero de enero y después de haber tenido una cena tempranera, puesto que ese día ninguno había almorzado, decidimos ver una película en casa. La elección era nada ligera para la ocasión, mas prometedora. Comenzamos a ver I centi passi (Los cien pasos), que muestra la lucha que Giuseppe Peppino Impastato abanderó contra la mafia siciliana –de la cual su familia era parte– y que le costó la vida. Sin embargo, a mitad de película tuvimos que parar. Agata, quien vino desde Catania para pasar unos días en Roma, había recibido un mensaje WhatsApp. Le escribía Nawal Soufí, una activista marroquí que vive en Italia desde niña y cuya labor con los inmigrantes, principalmente los que huyen de Siria, le ha valido el mote de ‘La voz del Mediterráneo’. Una voz que, hablando lo mismo en árabe que en italiano, es ya fundamental tanto para las autoridades como para la prensa italianas y, por supuesto, para quienes cruzan el mar.

En pocas líneas Nawal alertaba a Agata (ambas trabajan juntas) sobre una embarcación que había partido de Turquía con 360 –aunque algunos medios hablan de hasta 450– sirios que intentaban arribar a Francia, de manera clandestina. A esa hora, serían casi 9:00 pm, sólo se sabía que la tripulación, de la que más de 50 mujeres y 70 niños hacían parte, estaba perdida en algún punto del Mediterráneo, cercano a Italia. Urgía determinar la ubicación exacta, para acudir a su rescate.

Inmediatamente, Chiara comenzó a monitorear el tráfico marino, vía Internet, pero nada. Las coordenadas no eran precisas. Mientras tanto, Agata se encogía de hombros. Se sentía culpable por estar disfrutando un poco. ‘¿’Ven por qué no puedo tomar tiempo para mí?’, soltó. Y lo decía porque un rato antes nos hablaba de su dilema entre irse por un par de meses, a perfeccionar el inglés, o continuar en Sicilia asistiendo a quienes la necesitan. ¿Cómo dejar a su suerte a los miles de inmigrantes que llegan a Catania, –provenientes de Siria, así como de otros países árabes, de Eritrea y de África Subsahariana– con el propósito de tomar un tren para ir a Milano; y de allí al norte de Europa, para pedir asilo político?, ¿cómo ignorar a quienes huyen de la guerra  civil que ha confiscado la paz en Siria, desde hace casi cuatro años? Pero no es que Agata quiera jugar a la heroína o sobredimensionar su trabajo ad honorem. Al contrario, ella se limita a decir: ‘Únicamente los ayudamos a ir al nord’.

Y es que tanto ella como Nawal saben que la aventura europea apenas comienza. Estos inmigrantes están aún, literalmente, a miles de kilómetros de su objetivo. Cierto que están ya en tierra firme, a veces más salvos que sanos; pero aún hay mucho por recorrer. Italia es sólo un sitio de tránsito. Un país de paso…Y su estadía en Catania es fugaz: A veces no permanecen ni un día. Sin embargo, su presencia no pasa desapercibida. Son muchos y se aglomeran en los pasillos y en los alrededores de la estación de trenes, aunque otros tantos merodean por las fuentes de soda y los restaurantes cercanos.

Sin embargo, para Agata lo mismo da si ellos están tres horas o tres días. Cruzarse de brazos no es una opción. Ha sido así desde hace más de un año, cuando, a instancias de Nawal, fue a la estación central de Catania. Comenzó, entonces, a dar una mano aquí y otra allá. Y de pronto los días se convirtieron en semanas y meses, en las que sus jornadas laborales son de más de diez horas, de domingo a domingo. Y pese a que familiares y amigos le hacen ver que bien podría moderarse, para ella –al igual que para Nawal– no hay punto de retorno. Ni el hecho de ganarse enemigos y antipatías las desalienta. Porque no son pocos quienes las ven con malos ojos. De un lado, están quienes las acusan de promover la inmigración ilegal; y del otro, quienes ven sus ingresos menguar, al no poder acercarse a los inmigrantes y aprovecharse del desconocimiento de la lengua y del trauma post-viaje para revender –hasta por diez veces el precio– agua, comida, billetes de tren, chips para el celular, ropa o cualquier otra cosa que pueda ser necesaria.

Pero así como muchos hacen lo que pueden por ayudar al otro… y lo hacen sin ansias de figurar, hay quien dicen (me lo dijeron) para justificar su indiferencia: ‘Aquí en Europa estamos acostumbrados a pensar primero en nosotros y después en los demás’. Y recuerdo que quien me lo dijo exhibía cierto orgullo. ¿Orgullo de qué? Lo ignoro…y no quiero saberlo. Sin embargo, sin apuntar mi índice contra nadie, sólo he reafirmado que de cara al otro, sea éste europeo, árabe, africano, latinoamericano o marciano, no es la visión blandengue, romántica o sensiblera lo que cuenta. No se trata de agarrarse las manos y cantar: ‘We are the world, we are the children...’ , ni mucho menos de dar sermones. Es simplemente decidir: Decidir si él otro (te) importa o no, decidir si (quieres) hacer algo o no y decidir si se permanece como espectador o no. Octavio Paz lo resumía así: ‘La libertad no es una filosofía y ni siquiera es una idea: Es un movimiento de la conciencia que nos lleva, en ciertos momentos, a pronunciar dos monosílabos: Sí o No. En su brevedad instantánea, como a la luz del relámpago, se dibuja el signo contradictorio de la naturaleza humana’… Y volviendo a Catania, aún no conozco a Nawal, pero espero tener la oportunidad de hacerlo prontamente.

Comments: 2 replies added

  1. Astrid January 19, 2015 Reply

    Que increíble como la vida cual tren, nos hace compartir en los vagones con personas que ven las cosas de diferentes maneras, unas solo piensan en ellas, otras se sienten mal cuando lo hacen. Pienso que lo ideal es tener un equilibrio como todo en la vida y dar gracias por tener la oportunidad de conocer las dos caras de la moneda, tomando lo bueno y lo malo como lecciones

  2. Pingback: Él, ellos, ustedes…nosotros | Senda y caminos

    […] la infancia en la clandestinidad y en la marginalidad. Mirvat, de 24 años, es oriunda de Siria. Con dos años en estas tierras, aún tiene fresco el ‘olor de la guerra’. El conflicto bélico […]

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