Una realidad aparte – Carlos Castañeda

Las obras de Castañeda han influenciado la cultura postmoderna

El libro de Carlos Castañeda lo había tomado prestado en la librería pública, en Roma, en enero de 2015. Siempre lo tuve a la vista, mas nunca pasé de la primera página. Quien sabe si el mismo libro sabía que no “era el momento”. Quizá la mente y el alma que lo tenían claro, pues la energía y la atención la puse en otros títulos. ‘Una realidad aparte’ tendría que esperar más de un año para  ser leído.

En Internet hay de todo sobre el autor, quien también se convirtió en un personaje, tan mítico como “Don Juan”, su maestro espiritual. Que Castañeda haya sido un charlatán o no, un impostor o no, no lo sé, es poible; pero no creo que sea lo más importante. No le doy crédito como antropólogo ni mucho menos como líder espiritual, pues creo que ese camino no se hace siguiendo a ninguno. Puede también que Don Juan haya sido una invención suya bien lograda, para unos, o con costuras visibles, para otros. Las objeciones pueden tener lugar, pues el libro demanda apertura y sentido crítico al mismo tiempo.

A continuación transcribo algunos de los pasajes que más me gustaron, dejando claro que el uso de drogas y sustancias halucinónegas, así como las sectas, la uniformación del pensamiento y cualquier forma de domesticación no van conmigo:

  • “Cada hombre está en contacto con todo lo que lo rodea, pero no a través de sus manos, sino a través de un montón de fibras largas que salen del centro de su abdomen. Esas fibras juntan a un hombre con lo que lo rodea: conservan su equilibrio; le dan estabilidad. De modo que, como quizá veas algún día, un hombre es un huevo luminoso ya sea un limosnero o un rey, y no hay manera de cambiar nada; o mejor dicho, ¿qué podría cam biarse en ese huevo luminoso? ¿Qué?”
  • “Cuando tú miras las cosas no las ves. Sólo las miras, yo creo que para cerciorarte de que algo está allí. Como no te preocupa ver, las cosas son bastante lo mismo cada vez que las miras. En cambio, cuando aprendes a ver, una cosa no es nunca la misma cada vez que la ves, y sin embar go es la misma. Te dije, por ejemplo, que un hombre es como un huevo. Cada vez que veo al mismo hombre veo un huevo, pero no es el mismo huevo”.
  • “Tus acciones, así como las acciones de tus semejan tes en general, te parecen importantes sólo porque has aprendido a pensar que son importantes”.
  • “Soy feliz porque escojo mirar las cosas que me hacen feliz, y entonces mis ojos captan su filo gracioso [de l vida] y me río. Te lo he dicho incontables veces. Siempre hay que escoger el camino con corazón para estar lo mejor posible, quizá para poder reír todo el tiempo.
  • “-Pero si nada importa, don Juan, ¿por qué va a importar que yo aprenda a ver? -Una vez te dije que nuestra suerte como hombres es aprender, para bien o para mal -repuso-. Yo he aprendido a ver y te digo que nada importa en realidad; ahora te toca a ti; a lo mejor algún día verás y sabrás si las cosas importan o no. Para mí nada importa, pero capaz para ti importe todo. Ya deberías saber a estas alturas que un hombre de conocimiento vive de actuar, no de pensar en actuar, ni de pensar qué pensará cuando termine de actuar”.
  • “Por eso un hombre de conocimiento elige un camino con corazón y lo sigue: y luego mira y se regocija y ríe; y luego ve y sabe. Sabe que su vida se acabará en un abrir y cerrar de ojos; sabe que él, así como todos los demás, no va a ninguna parte; sabe, porque ve, que nada es más importante que lo demás. En otras palabras, un hombre de conocimiento no tiene honor, ni dignidad, ni familia, ni nombre, ni tierra, sólo tiene vida que vivir, y en tal condición su única liga con sus semejantes es su desatino controlado. Así, un hombre de conocimiento se esfuerza, y suda, y resuella, y si uno lo mira es como cualquier hombre común, excepto que el desatino de su vida está bajo control. Como nada le importa más que nada, un hombre de conocimiento escoge cualquier acto, y lo actúa como si le importara. Su desatino controlado lo lleva a decir que lo que él hace importa y lo lleva a actuar como si importara, y sin embargo él sabe que no importa; de modo que, cuando completa sus actos se retira en paz, sin pena ni cuidado de que sus actos fueran buenos o malos, o tuvieran efecto o no”.
  • “Debes esperar con paciencia, sabiendo que esperas y sabiendo qué cosa esperas. Ese es el modo del guerrero”.
  • “Mientras piense que fue una víctima, su vida será un infierno. Y mientras tú pienses lo mismo, tu promesa vale. Lo que nos hace desdichados es la necesidad. Pero si aprendemos a reducir a nada nuestras necesidades, la cosa más peque ña que recibamos será un verdadero regalo. Ten paz: le hiciste un buen regalo a Joaquín. Ser pobre o necesitado es sólo un pensamiento; y lo mismo es odiar, o tener hambre, o sentir dolor”.
  • “Hace años te dije que, en su vida cotidiana, el guerrero escoge seguir el camino con corazón. La consistente preferencia por el camino con corazón es lo que diferencia al guerrero del hombre común. El guerrero sabe que un camino tiene corazón cuando es uno con él, cuando experimenta gran paz y placer al atravesar su largo”.

 

 

 

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