Atracada en buen puerto

buen puerto

‘No digan: “He hallado la verdad”, sino más bien “He hallado una verdad”. No digan: “He encontrado el camino del alma” sino más bien “He visto al alma caminando en mi senda”. Porque el alma camina por todas las sendas. El alma no camina en línea recta, ni crece como un bambú. El alma se despliega como un loto de innumerables pétalos’

Khalil Gibran – El Profeta

La estadía en el African Queen se ha prolongado un poco más. Mis pies ya quieren estar en nuevos senderos, pero no hay mayor premura. Ahora disfruto los ‘privilegios’ de no ser una recién llegada. Ya conozco a casi a todos en el embarcadero y casi todos me conocen también, al menos de vista, y ya conozco Fiumicino.Invitaciones para ir a montar bici, hacer yoga, celebrar el cumpleaños de alguna empleada o incluso para ir de paseo en barca no son infrecuentes. La ‘tripulación’ ha venido a ser una suerte de familia, una conformada por los propietarios (Steve y Sandra) y cuatro miembros digamos ‘estables’ (el español gruñón, alias ‘culo gordo’; el neo-zelandés, orgulloso tanto de sus raíces inglesas como croatas y quien, poco a poco, aprende el italiano; el escocés, quien, gracias al español, aprendió a decir’: ¿Dónde están las pu..s? y ¿dónde están mis maracas’, y yo: la venezolana, quien se siente la hermana mayor…el rol que ya conozco bastante bien). Por estos días, hay también una estadounidense lista para partir y una francesa quien todavía estará con nosotros al menos diez días más. Y tal como en las series televisivas hay invitados especiales en algunos capítulos, algunos días en nuestra mesa hay cubiertos y platos extras, así como caras diferentes. La vida aquí es cualquier cosa menos aburrida.

Que no se crea tampoco que se trata de un ritmo estresante. Y ya sea por el efecto del río Tíber o del calor veraniego, esta barca me ha llevado, incluso sin moverse, hacia aguas tranquilas. Sosiego. Gratitud. Dicha. Y es como si se tratara de llegar a un sitio, por vez primera…O de regresar, tal vez, después de mucho tiempo. De volver a tener sosiego, un sosiego que va más allá de las condiciones materiales –que no han cambiado mucho–; una tranquilidad que no se funda en contratos o cualquier artificio que reporte ‘seguridad’. Adentro, no afuera. Una gratitud que no puede cuantificarse o medirse. Una dicha que no se vocifera a los cuatro vientos, mas que tampoco se esconde. Como me dijo una señora canadiense, quien tiene su lancha en la otra ribera del río: ‘Se ve que eres una persona feliz’; a lo que respondí: ‘Después de más de un año, este es, finalmente, el momento más feliz de mi vida’. Y lo dije sin presumir.

Ahora en mis días se alternan lijadoras, mascarillas, cepillos de barrer, solvente, cloro y lavaplatos…Y los términos náuticos –al menos los relacionados con los barcos de vela– ya me son,  cada vez más, familiares. Y como una cosa lleva a la otra, ahora sé que la frase ‘barco a la deriva’ alude a una parte que está justo debajo de la quilla (parte central de la embarcación) y que responde al viento. También cada vez es más común decir ‘buen viaje’ a aquellos que zarpan ya sea por un par de días, para ir a cualquier isla italiana como Ponza o Cerdeña; o a quienes estarán navegando por un período mayor. Este es el caso de Giulio, uno de los accionistas del embarcadero, quien estará dos meses en alta mar, haciendo un estudio sobre los desechos de plásticos que se encuentran en el Mar Mediterráneo…y que terminan en nuestro cuerpos, gracias al pescado y frutos del mar que comemos, entre otras cosas. Y cuando se habla de plástico, según encuentro en Internet, no se trata sólo de botellas de agua, como es fácil suponer, sino hasta de nuestra vestimenta. Porque resulta mucho más económico producir ropa sintética que aquella hecho de fibras naturales; y no hace falta ni que vayamos a la playa para que estas micropartículas terminen en el océano: las lavadoras se encargan de trasportarlas. Todo lo que hace pensar que ninguno de nosotros contaminará, sin que el efecto se haga sentir tarde o temprano. Ahora mismo, conforme escribo, tengo tres inquietudes: ¿Dejo de comer pescado y frutos de mar y paso a ser ovolácteo-vegatariana?, ¿qué puedo hacer para si no revertir, al menos no empeorar, la situación?…y la última, bastante más personal: ¿llegado el momento, quisiera traer hijos a un mundo tan contaminado? Ya sé que, como de costumbre, estoy adelantándome a los acontecimientos.

De nuevo, para traerme al ‘aquí y al ahora’ veo, a través de las ventanas del restaurante del astillero, el Tíber pasar. Sopla un poco de brisa. Las velas y las cuerdas de los barcos y las hojas de los árboles se mueven en consonancia..Ya son poco más de las seis de la tarde y empieza a refrescar, pero quedan aún al menos tres horas más de luz…De fondo, suena un blues…Y yo me siento bien.

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