¡Y con ustedes…Alejandro Jodorowsky!

Alejandro Jodorowsky es considerado una suerte de 'gurú' de la postmodernidad

Antes de llegar a Italia el nombre Alejandro Jodorowsky no me decía nada. Una vez aquí  se ha convertido en una referencia obligada. No podía ser de otro modo. Aquí Jodo, como es conocido, es una suerte de gurú…No uno que usa una bata –ya sea blanca, roja o anaranjada– sentado en posición de loto, sino uno ecléctico y poco ortodoxo. Provocador como pocos y difícil de encasillar, ha pasado de las tablas –ya sea como actor que como dramaturgo– a la dirección cinematográfica, del diseño de comics al estudio de tarot, de la escritura de ensayos al verso y a la prosa.

Este chileno, de origen ucraniano y nacionalizado francés, ha sabido amalgamar la sabiduría oriental, con la tradición chamánica suramericana –tuvo incuso la oportunidad de conocer a Carlos Castañeda–, con la cábala y con el cristianismo, sin dejar de lado la terapia de la constelación familiar…Su obra puede decirse es tan profana como ‘sacra’.

Sólo leer la biografía de este artista, ya un abuelo octogenario, hace pensar que su vida ha sido de todo menos aburrida. Por ello, si quisiera, podría presumir de haber sido discípulo de Marcel Marceau, de haber dirigido una película con Omar Sharif y de haber conocido a Salvador Dalí, al mismísimo Castañeda y a David Lynch.

A continuación, algunos fragmentos de un par de obras suyas que he leí hace un tiempo ya:

Cabaret místico

cabaret-mistico‘Tendremos que anular la maldición que custodiamos en la memoria, con la conciencia que tenemos el poder de la bendición’.

‘Si nos han dicho: ‘no tendrás nunca éxito’, debemos responder: “Bendigo mi talento creativo, desarrollaré todas mis posibilidades y triunfaré. Sé a dónde quiero llegar y en quien me convertiré”. La vida responde cuando viene amada’.

‘Aprendamos a ser nuestro padre y nuestra madre. Sumerjámonos en el más profundo de nosotros mismos hasta sentir el desconocido centro vital y aceptamos botarnos en su manantial de amor: comprendemos que no habíamos amado, porque no sabíamos amarnos. Cortamos los lazos que nos unen al pasado y dejamos también de proyectarnos en el futuro, entonces aceptamos lo que somos en el presente’.

‘El viejo santo ….sabe que en la raíz del odio está siempre el amor…No se deja condicionar nunca por los eventos negativos, aunque se debe sufrirlos. No es un iluso, es consciente, más que cualquier otro, de la avaricia/codicia generalizada, de la insensatez, de la decadencia, pero reconoce que no definen la realidad. El recipiente de oro que contiene inmundicia no es la inmundicia’.

Psicomagia

‘Hay muchos dimensiones inconscientes, oníricas y mágicas de la realidad.  Porque, insistimos, la realidad no es racional, por más que así lo queramos ver para tranquilizarnos.  En general, los comportamientos humanos están motivados por fuerzas inconscientes, cualesquiera que puedan ser las explicaciones racionales que les atribuyamos luego.  El mismo mundo no es homogéneo, sino un amalgama de fuerzas misteriosas.  No retener de la realidad más que la apariencia inmediata es traicionarla y sucumbir ante la ilusión, aunque se disfrace de “realismo”‘.

‘Los actos poéticos tienen un valor purificador y terapéutico. Porque, pensándolo bien, la historia de uno esta compuesta de palabras y de actos. La mayor parte del tiempo la gente se conforma con pequeños actos inocuos, hasta que un día ‘estallan’, sin control, les da rabia, rompen todo lo que se interpone en su camino, gritan insultos, se entregan a la violencia, incluso al crimen… Si un criminal en potencia supiera de los actos poéticos, sublimaría sus gestos asesinos trayendo a jugar un acto simbólico equivalente’.

‘La sociedad ha puesto barreras para que el miedo y su expresión, la violencia, no surjan a cada instante. Por ello, cuando uno realiza un acto diferente de las acciones ordinarias y codificadas, es importante hacerlo conscientemente, medir y aceptar de antemano sus consecuencias. Realizar un acto es un proceso consciente que apunta a introducir voluntariamente una fisura en el orden de la muerte, que perpetua la sociedad, y no la manifestación convulsiva de una rebelión ciega. Conviene no identificarse con el acto poético, no dejarse llevar por las energías que éste libera’.

‘Al realizar actos poéticos podemos movernos a nuestro antojo, hacer los gestos más insólitos, reunir los ingredientes de algo garantizadamente suntuoso, caminar disfrazado interpretando un personaje para dejar de interpretar a un personaje en comparación con otros personajes, para acabar eliminado todo personaje y acercarse poco a poco a la persona que llevamos encerrada dentro de nosotros. Es la ruta inversa de las escuelas de teatro antiguas; en vez de la persona yendo fuera hacia el personaje un acto poético/teatral intenta llegar desde el personaje a la persona que uno lleva dentro de uno mismo. Este “otro” que despierta cuando enactuamos un acto poético/teatral o un ‘acto psicomágico’ no es un fantoche hecho de definiciones y de mentiras, sino un ser con limitaciones menores. La euforia de lo «efímero» conduce a la totalidad, a la liberación de las fuerzas superiores, al estado de gracia’.

‘Debajo de cada enfermedad está la prohibición de hacer algo que deseamos o la orden de hacer algo que no deseamos. Toda curación exige la desobediencia a esta prohibición o a esta orden’.

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