De barcas y circunstancias

Contemplar el atardecer en el astillero es un privilegio

Fiumicino. Las mismas aguas del Tíber (aunque Heráclito decía que ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río). El mismo barco: African Queen. Una tripulación que ahora cuenta con otro escocés, un brasileño que estuvo solo nueve días y dos estadounidenses que están por llegar (el español y el neozelandés también continúan). Un camarote mas cómodo que, por los momentos, no comparto con ninguno. El termómetro que, algunos días, marca más de 35 grados. La gente del embarcadero que nos estiman y desaprueban a partes iguales. Para ellos hay algo de subversivo en un grupo internacional y amateur, del cual ningún italiano forma parte, renovando un barco. Somos, sin quererlo, una suerte de amenaza para sus ingresos. Lo que hacemos nosotros, sin recibir más pago que techo y comida, bien lo hacen ellos por miles de euros. Nuestra agenda social: parrillas y cenas –por uno u otro motivo, siempre hay invitados para comer– tampoco son bien vistas. Siendo los únicos que viven en el barco, somos, especialmente Sandra y Steve (los dueños de la embarcación), los vecinos nuevos en un sitio donde sólo residen dos empleados, sin ningún tipo de nexo amoroso entre ellos, vale decir. Algunos dicen, además, que ahora no sólo hay más ruido en el lugar, sino también mayor consumo de agua. Hay una señora que trabaja en la oficina administrativa que, incluso, se ha dado a la tarea de monitorear cuantas veces usamos tanto el baño y la ducha –ésta es más grande que la que tenemos en el African Queen– así como la lavadora. Ya lo dije: no son indiferentes a nuestra presencia…Pero, después de todo hasta me ‘divierte’ saber que nos dan tanta importancia, cuando en realidad no es un asunto importante. Quizá seamos, a sus ojos, como la compañía bananera que llegó a Macondo para llevar progreso y dejó sólo un rastro de decadencia. Aunque para mí el verdadero realismo mágico es estar aquí, a ratos lijando madera, a ratos pintando, a ratos limpiando, a ratos cocinando, a ratos tendiendo y doblando la ropa…teniendo la experiencia más cercana posible de vivir como (si fuese) una marinera. Pero, en realidad, aquí soy un ave de paso…Y esta paso-pausa me sienta bien.

Esta pausa es tal cual como este lugar: una isla… una isla calma en el mar, más o menos, agitado que ha sido mi vida en los últimos meses. Pero que no se tome esto como una queja. Éste ha sido un mar que, con sus flujos y reflujos, me ha conducido a orillas llenas de sorpresas; y esto no deja de ser ganancioso. Es la mitad que completa el vaso, la cara luminosa de una luna poliédrica, una revelación encriptada entre líneas. Este ‘receso marino’ ha sido una consecuencia deseable mas no deseada de eso que mi amigo Claudio define como una condición precaria.‘Nel tu caso qualcosa può accadere‘, me dijo hace unos días. Todo es posible, lo sé. Quizá al mejor estilo de quien desarrolla un sentido para compensar la pérdida de otro: la inestabilidad de esta aventura italiana ha sido la oportunidad para a arribar a nuevos puertos…y siempre hay cosas interesantes y dignas de ver en cada sitio.

Igual esto es temporal, aunque mi mejor amiga irlandesa –una hermana, a decir verdad– en una conversación vía Skype, me decía: ‘Darling this is your life since one year ago…It’s not a circumstance’. Yo respondì: ‘No, it’s just a circumstance… and circumstances can change’. A lo que ella dijo: ‘Life can change too’.

Me quedé pensando, entonces, si la vida y las circunstancias son sinónimos. Si la vida está hecha de circunstancias, al mejor estilo de las cuentas de un collar. Si las circunstancias son condiciones tiempo/espacio dadas en la vida, como si se tratara de la cartas que alguno nos ha dado para jugar una partida de poker…Y sea que se tenga una buena mano o una no tanto hay que seguir jugando. Nadie más puede hacerlo por nosotros, porque las cartas son personales e intransferibles (así como si nuestras cartas tuviesen marcadas nuestras iniciales, fecha de nacimiento y huellas dactilares). ¿Y, entonces, qué es la vida? ¿El juego (de poker) mismo? Porque cierto que las circunstancias pueden ser pasajes en la vida. ¿Pero las circunstancias (las famosas cartas) condicionan la vida (el juego)? o ¿es la vida (el juego) la que condiciona las circunstancias (las famosas cartas)? Al respecto, José Ortega y Gasset sentenció: ‘Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo’. De seguro él no estaba en un casino cuando escribió su ensayo…y yo tampoco lo estoy (me desagradan las salas de juego). Yo sigo en un barco del que me bajaré en pocos días para seguir mi norte.

Comments: 2 replies added

  1. oscarj June 14, 2015 Reply

    De circunstancias está hecha la vida y de vida nuestros espíritus. A veces no se si estar detenido es una opción. Si el mundo se mueve ¿Por que tu no?

    • Mela J.H.R. June 14, 2015 Reply

      No lo había visto así, pero estoy totalmente de acuerdo ...Todo se mueve, todo cambia y todo muta.

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